Patagonia, 20 de Marzo de 2019
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El Valle Encantado de Traful

Este texto de Roberto Arlt forma parte de unas extra√Īas aguafuertes patag√≥nicas que escribi√≥ durante el a√Īo 1934, como cronista del diario El Mundo. No es f√°cil de encontrar, por eso deseamos compartir con ustedes esta peculiar joya de la literatura. Elegimos una que nos traslada al m√°gico paisaje de Traful.

Siguiendo el curso del R√≠o Limay, se llega hasta la legendaria cuenca del Lago Traful, que fue, en un pasado no muy remoto, el lugar de reuni√≥n de las tribus ind√≠genas, especie de Congreso al aire libre. El nombre ‚ÄúTraful‚ÄĚ significa ‚Äúlugar de reuni√≥n‚ÄĚ en su idioma ya casi desaparecido.

Me propongo descubrir para mis lectores porte√Īos, este ‚Äúpalacio de oro‚ÄĚ primitivo que se me antoja algo c√≥smico, como cuadra al marco de las primitivas Conferencias de la Paz o de la Guerra. Y ustedes dir√°n si estuve errado.

En un sólido auto de muchos caballos de fuerza capaz de subir una cuesta apuntalada contra la luna, salgo por el camino que conduce al Valle Encantado, un tanto escéptico, porque ese nombre me predispone mal.

A dos leguas de Nahuel Huap√≠, el camino sube a una altura que produce vLago Traful√©rtigo, sobre el borde de un anfiteatro de monta√Īas, en cuyo fondo, entre las islas verdes, serpentea el r√≠o. Los tonos de color del agua oscilan entre el azul marino pasando por los verdes de sulfato de cobre y los atornasolados del cuello de las palomas. Todos los tintes del acero al templarse se suceden en la superficie de la r√°pida y rizada s√°bana de agua. Repuesto del v√©rtigo, sigo la pendiente del camino.
Una legua más allá, tropiezo con el As de Basto, una columna de piedra de sesenta metros de altura, recta, trabajada así por la naturaleza, cuyo terminal una nariguda cabeza de lansquenete con gorra de piedra. El camino alto, tortuoso, estrecho, de manera que el automóvil camina siempre a pocos centímetros del abismo, paraliza de terror, en ciertos momentos, el corazón del visitante, que se olvida del paisaje para pensar en una espantable caída.

Pero uno no se olvida de que puede rodar desde la tremenda altura al fondo del torrente, mitad verde como un sauce, y azul hacia la base de piedra de la monta√Īa, al contemplar el panorama in√©dito de aquel lugar.

¬ŅQu√© es lo que usted quiere imaginar?
¬ŅQu√© es lo que quiere imaginar usted, en estos c√≠rculos formados por conos de piedra lisa, recubiertos de un tapiz verde y filas largas de pinos y cipreses, entre los cuales, aislados, se yerguen monumentos de piedra volc√°nica que revisten formas m√°s fant√°sticas que pudiera crear la imaginaci√≥n?

Estos cerros est√°n casi todos rematados por castillos medioevales, fortalezas del siglo diez, deformes y espantables, con poternas que son negros agujeros, almenas a las cuales asoman la cabeza tremebundos encapuchados de granito, puentes levadizos bloqueados por can√≥nicos √°rboles verdes que dejan ver en la celeste porcelana del cielo, el recortado fondo de bet√ļn de un maravilloso pa√≠s embrujo.
¬ŅQu√© es lo que quiere so√Īar o imaginar usted, se√Īor, en el Valle Encantado?

No se quede corto ni tema en pedir. Todo es posible allí.
Nos encontramos en el pa√≠s del Gran Brujo Negro. O del Due√Īo de la Vida y de la Muerte. O del Se√Īor de los Encantamientos.
¬ŅQu√© es lo que quiere so√Īar?

Que la bruja de nariz de garfio y ment√≥n de martillo rob√≥ a la princesa y la condujo, auxiliada por unos enanos negros y unos perros petrificados, a la corte del Rey de los Se√Īores del Drag√≥n. Pues su sue√Īo no tiene nada de absurdo. Esta all√≠, dibujado, calado por el viento y el rayo en el Valle Encantado.
¬ŅNo le agrada esto, sino ver los encalonamientos de estatuas, un ej√©rcito que acorrala en un rinc√≥n del valle una manada de elefantes y b√ļfalos auxiliados por formidables perdigueros? Es tan real como lo anterior.

D√©bil es la vista y la memoria para retener aparejadas ala mente tal diversidad de sucesivas maravillas. Ya es una columna f√°lica, que lMirador del Lago Trafulevanta a los cielos su simbolog√≠a primitiva glorificadora del mundo que nace, ya un encapuchado siniestro cuya cabeza de lobo y buey recuerda los encantamientos de las magas perversas de Las mil y una noches. El paisaje es por momentos infructuosamente lunar y extraterrestre como el que se ve a trav√©s del cristal de un telescopio. Luego, uno tiene la sensaci√≥n de que est√° viviendo y no so√Īando. Entonces se dice: He salido de la tierra; esta zona no pertenece ya a la geograf√≠a de la Rep√ļblica Argentina.

Doce kilómetros tiene el Valle Encantado. Serpentea, pero jamás se aminora. Hacia donde uno vuelve la vista, la admiración necesita volcarse en adjetivos. Y todo allì es substancial. Posible. Se comprende la magia y el origen de las leyendas y de las mitologías. La piedra pasa por todos los tonos de iris, se descubren titanes de lava anaranjada, brujas de cartón piedra, podencos de hulla, buzos revestidos de una monumental escafandra, verdosos y grises de algas marinas.

Si no, son series de monumentos megal√≠ticos, bastos de piedra clavados en el suelo como los menhires de la Breta√Īa, pero agujereados tan copiosamente que se cree estar en presencia de termiteras monstruosas, mientras el agua r√°pidamente se desliza entre los √°rboles que dan margaritas de gruesos p√©talos de color lila y arbustos y yerbas cuyo tallo solitario y erecto parece guardar embutidas en la vaina transparente, semillas de azafr√°n.

Doce kil√≥metros maravillosos; se cierran los ojos para reposar la vista y el entendimiento; pero cuando se abren, nuevamente se tropiezan con crestados domos de piedra, catedrales cuyas agujas se han derretido, castillejos empinados, feroces, con murallas a cuyos pies asoman la cabeza dragones de piedra p√≥mez y cocodrilos de pizarra, mientras arriba en los parapetos, geniales jorobados de piedra asoman la cabeza con un bonete…

En el Valle Encantado usted puede so√Īar lo que quiere. Cuando mire en redor, descubrir√° que su imaginaci√≥n es pobre junto a las historias m√°gicas que el tiempo ha cristalizado en la roca.

(El Mundo, 19 de enero de 1934)

Extra√≠do de Roberto Arlt; El valle encantado de Traful en ‚ÄúEn el pa√≠s del viento. Viaje a la Patagonia (1934)‚ÄĚ; Ed Simurg, Bs. As., 1997

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