Patagonia, 18 de Octubre de 2020
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El misterioso anillo del capitán Shepherd

James Shepherd comandó las operaciones brasileñas sobre Patagones. La crónica del 7 de marzo de 1827 destaca que fue el primer enemigo en caer bajo las balas de los defensores. Se dice, además, que los gauchos de Molina le cortaron un dedo para arrebatarle un anillo mientras agonizaba en el Cerro de la Caballada.

Historias de la Gesta del 7 de marzo por Pedro Pesatti

“El misterioso anillo del capitán Shepherd” es un relato que hace un cruce de la vida de este marino con los hechos que en 1993, bajo el signo del mito o la ficción, ocuparon la atención de muchos viedmenses y maragatos.”
(Prof. Héctor Daniel King).

El anillo que poseía el jefe de la escuadra brasileña, según la noticia que divulgaron los corsarios del “Oriental Argentino” pocos días antes de que se produjera el combate del 7 de Marzo, estaba ligado a una curiosa leyenda del Callao.

En ese puerto del Perú, tras participar de la campaña de San Martín en la escuadra de Lord Cochrane, Shepherd habría conocido a la esposa de un importante y acaudalado comerciante vinculado con los negocios de mar que se enamoró perdidamente de él.

Poco tiempo se frecuentaron, pero suficiente para encender una pasión incomparable. El día de la despedida, cuando Shepherd abordó la nave que lo llevaría al Brasil para servir a la armada de ese país, ella le habría entregado el anillo del que habla la leyenda.

Según los corsarios del “Oriental Argentino”, el anillo servía para que los amantes de amores clandestinos se reconocieran después de la muerte. Por esa razón, en el interior del cilindro, la amante de Shepherd habría hecho grabar estas palabras: Cuando seamos definitivamente libres, mi alma reconocerá a la tuya por este anillo.

Parece ser, de acuerdo con la leyenda, que si el amante perdía el anillo o dejaba de usarlo por la razón que fuera, una maldición se apoderaba del desdichado y le impedía, al terminar sus días, traspasar las puertas del otro mundo. Por eso, en algunas partes del Perú, la aparición de ánimas o de fantasmas es atribuida a este mito.

El explorador francés Alcides D`Orbigny, autor del libro “Viaje a la América Meridional”, registró una escena clave para impulsar nuestra investigación.

Corrían las primeras horas del 7 de marzo de 1827… Shepherd, herido de un balazo que le atravesó el cuello, moribundo, sin aliento, se resiste a los hombres que le intentan arrebatar el anillo. Ya con el último hálito, cerró la mano como un cofre. Pero fue en vano. Afiebrados por el combate, aquellos hombres no dudaron en cortarle el dedo para apoderarse del botín.

Lógicamente, lo que refiere D`Orbigny debemos vincularlo con la historia que hicieron circular los corsarios durante los días previos al combate del 7 de Marzo. Es evidente, además, que para el jefe de los brasileños el anillo poseía un valor inconfesable. Su mano devenida cofre es un gesto que no me canso de revisar. ¿Por qué no creer en el poder de las leyendas?.

Se dice, en tal sentido, que días antes del 7 de marzo, y luego de escuchar a los corsarios del “Oriental Argentino”, los hombres de Molina se habían propuesto la firme idea de capturar a Shepherd para sacarle el anillo. -Aunque le tengamos que tronchar el dedo pa’ converterlo en ánima -profetizaban.

La mayoría festejaba aquella ocurrencia para vencer la tensión de la guerra inminente; aunque algunos sostienen que sólo un malintencionado pudo atribuirle al gauchaje aquella acción inhumana de aprovecharse de un caído. Entonces, quiénes fueron los responsables? La historia no lo dice.

De todos modos, podemos afirmar con absoluto rigor – sobre la base documental proporcionada por D`Orbigny-, que la acción efectivamente existió. Sin embargo, a partir de aquí, toda especulación sólo se puede ubicar en el terreno de la superchería y en el mejor de los casos, de la ficción.

Allá, por 1827 – como sucede hoy también- los supersticiosos no eran pocos. Cuando se enteraron de la suerte corrida por Shepherd y concretamente, de la desaparición de su anillo, pusieron el grito en el cielo. – Lo único que nos falta en Patagones es que un fantasma nos aceche para siempre – gritaban a los cuatro vientos para alertar a los incrédulos. Temían que el ánima de Shepherd emprendiera la búsqueda del vínculo urdido por su amada.

El destino que tuvo el anillo continúa siendo un misterio hasta el día de hoy. Por supuesto, no está en el Museo de Patagones ni en museo alguno del mundo. Pero alguien lo tiene.

Un conocedor de la historia local, cuyo nombre no estoy autorizado a proporcionar, sospecha que una familia de Patagones lo conserva en el máximo secreto. Él reunió ciertos indicios que probarían en parte esta hipótesis, aunque carece, al menos por ahora, de los testimonios concretos que toda investigación demanda para alcanzar su aval historiográfico.

De cualquier modo, este hecho continúa fascinándome. En el libro “Mitos Andinos” -publicado el año pasado por la prestigiosa Inti Editora de Lima- hay una serie de relatos vinculados con la leyenda del anillo que demuestran la fuerte circulación que tuvo esta creencia durante el siglo pasado en el puerto del Callao. Es más: existe un cancionero popular en torno a esta temática.

Pero existe otra publicación mucho más interesante para leer en clave de humor. Se trata de un opúsculo editado por una sociedad de lunáticos, con sede en Rosario, en cuyas páginas se publica un informe elaborado en Patagones por uno de los miembros de esta organización. El autor del escrito aparece con pseudónimo, o por lo menos esto es lo que yo deduzco, porque no conozco a nadie en toda la comarca que luzca el aparatoso nombre de Merlín de El Carmen ni el extravagante título de doctor en ciencias herméticas. El informe -aparentemente- fue escrito a fines de 1994 y se titula “Capitán James Shepherd: el fantasma de Carmen de Patagones”.
Ya en los primeros párrafos uno
advierte los trazos de un desquiciado. Postula Merlín del Carmen que el fantasma de Shepherd hizo su aparición en Patagones en 1876, 1891, 1923 y en 1993. Es precisamente la última aparición la más ocurrente. Recoge los testimonios de un taxista, otra de dos muchachones del barrio Bicentenario, los comentarios de varios periodistas locales, e incluso la de un cabo de la policía bonaerense que le disparó al fantasma -según Merlín del Carmen- sin surtirle ningún efecto.

De acuerdo con este doctor en ciencias herméticas, Shepherd es un fantasma desesperado que busca sin remedio el anillo que le fue arrebatado en el Cerro de la Caballada el 7 de marzo de 1827. Por eso, cada tanto, imposibilitado de que su amante lo reconozca en el reino de los muertos, irrumpe en la tranquila vida de los maragatos para buscar el anillo que alguien, en Patagones, guarda para alimentar el misterio.

Un relato de Pedro Oscar Pesatti

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