Patagonia, 22 de Julio de 2019
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La Tierra del Fuego de Sylvia Iparraguirre

La Tierra del Fuego es una apasionante novela hist√≥rica de Sylvia Iparraguirre que cuenta el viaje del Capit√°n Fitz Roy a Tierra del Fuego y su encuentro con Jemmy Button, el nativo y√°mana que se volver√≠a famoso en Londres luego de que el navegante decidiera llev√°rselo de regreso a su pa√≠s para inculcarle los valores y costumbres de la ‚Äúcivilizaci√≥n‚ÄĚ. El choque entre las dos culturas es narrado por Jack Guevara, un personaje ficticio que introduce Iparraguirre en la historia.

La historia comienza desde el final. Es el a√Īo 1865. Jack Guevara, hijo de un ingl√©s y una criolla, recibe una carta de la Real Armada Brit√°nica en la que se le solicita, por haber participado de aquel viaje como marinero, y habiendo trabado amistad con Jemmy Button, que realice un relato exhaustivo de los acontecimientos y las experiencias compartidas. El motivo de la carta es obtener informaci√≥n sobre Jemmy por parte de un testigo directo, ya que el fueguino hab√≠a sido juzgado por haber liderado una matanza de misioneros, y la intenci√≥n es indagar m√°s en el asunto. El resto de la historia, que incluye la presencia del naturalista Charles Darwin, es contada en la carta de respuesta de Jack a la Real Armada, y culmina en el juicio en Puerto Stanley (Islas Malvinas).

La novela La Tierra del Fuego es la obra más importante de Sylvia IparraguirreLa Tierra del Fuego, publicada en 1998, recibió innumerables elogios de la crítica y fue un éxito de ventas. Fue traducida al alemán y al italiano, y durante 1999 obtuvo el Premio de la Crítica a la mejor novela, el Premio Club de los XIII y el Premio Sor Juana Inés de la Cruz (México).

A continuación, le traemos algunos fragmentos de la novela, muy recomendada por el equipo de Patagonia-argentina.com. Si le gustaron, le sugerimos conseguir el libro y -por qué no- animarse a conocer por usted mismo la tierra de Jemmy Button.

Acerca de la primera visión que tenía Jack de la cultura de Jemmy:

‚ÄúAl abismo casi zool√≥gico que experiment√© al verlo por primera vez, sigui√≥ una lenta comprensi√≥n de su mundo que s√≥lo la madurez pudo completar, cuando ya Button permanec√≠a lejos, en el √ļltimo rinc√≥n de la Tierra. Hubo noches de los tr√≥picos, de espaldas en cubierta, mecidos por el mar en calma, los ojos en las nubes veloces que Jemmy Button rodeado de la tripulaci√≥n del Beagledejaban entrever estrellas como pu√Īos, en que fuimos dos hombres j√≥venes, cre√≠a yo embriagados por la misma exaltaci√≥n de perfecto acuerdo con el mundo. No alcanzaba a darme cuenta entonces de que Button pasaba penurias; es posible que yo viera s√≥lo lo pintoresco, lo curioso del salvaje embarcado; es posible tambi√©n , es casi seguro, que todav√≠a me sintiera un poco ingl√©s y superior a √©l y, en consecuencia, creyera que mis sentimientos eran los suyos, c√≥mo si √©l no tuviera derecho a tener los propios. √Čl hac√≠a el esfuerzo de la lengua, el ingl√©s, la √ļnica lengua en que, parad√≥jicamente, pudimos comunicarnos‚ÄĚ.

De la llegada de Jack y Jemmy a Londres:

Puerto de Londres“La Marea nos depositó como una bandeja sopbre el lomo del río. La expectativa por ver londres creció de hora en hora a medida que remontábamos la corriente del Támesis y nos acercábamos a esa ciudad de la que los marineros abordo hablaban incansablemente y que, de alguna manera, yo llevaba en mi sangre.

El puerto era un pandem√≥nium. Si Montevideo me hab√≠a parecido tumultuosa, esto era como Babel. Barcos de banderas desconocidas, enormes dep√≥sitos donde los despachantes hablaban a los gritos, truques, cargamentos, gente de todos los pa√≠ses y de todas las razas: negros, hind√ļes, chinos. Est√°bamos al fin, en el coraz√≥n del imperio mar√≠timo m√°s grande del mundo. Yo no alcanzaba a retener las escenas que giraban a mi alrededor. Button hab√≠a gastado hac√≠a tiempo su capacidad de asombro. O tal vez esa capacidad era menor o de un orden distinto que la m√≠a. Mostraba, como sus compa√Īeros, una curiosidad resignada que se extingu√≠a enseguida. Ven√≠a de un pa√≠s donde las olas eran m√°s altas que esos edificios, donde las ma√Īanas y Hilera de barcos estacionados sobre el margen de el T√°mesislas noches duran meses y los cet√°ceos tienen el tama√Īo de goletas. Aquel caos de personas, de barcos y de construcciones le era indiferente o por completo inabarcable. Aun que a bordo muchos esperaban con curiosidad la reacci√≥n de Button, lo cierto es que no se repiti√≥ aquella escena cuando el Capit√°n le regal√≥ el par de guantes que lo hab√≠an puesto al borde del delirio‚ÄĚ.

Del valor de la riqueza para Jemmy:

“Caminábamos por las atestadas calles cercanas al puerto. El Capitán le había regalado unas cuantas monedas que colocó en su bolsillo. Eran a título de prueba, para ver si se le ocurría comprar algo. Button las sacó del bolsillo y se entretenía en lustrarlas contra su chaqueta y en arrojarlas al aire y volverlas a atrapar, como había visto que hacía yo. Una se le escapó y salió rodando por los adoquines; en el acto, una turba de chicos harapientos se levantó de los portales y se arrojó sobre la moneda. Esto lo dejó atónito y maravillado. Entre gritos, las caras flacas y sucias se volvieron hacia nosotros esperando más. Con auténtico regocijo, él arrojó una segunda moneda al aire, lo que produjo un escándalo. Button se reía junto a aquellas criaturas que ahora lo rodeaban y le tironeaban la ropa. Cuando vi que su intención era tirar a la calle todo lo que tenía, le sujeté el brazo, pero él se soltó sin violencia.
-Muy divertido, Jack -decía riéndose- ¡Muy divertido!

As√≠ perdi√≥ Button el √ļnico dinero que posey√≥ nunca, pero gan√≥ una experiencia T√≠pica escena de aglomeraci√≥n popular en las calles de Londres de principios del siglo XIXextraordinaria: alcanz√≥ a concebir la idea abstracta del poder que otorga la riqueza. De all√≠ en adelante, para lo √ļnico que ped√≠a monedas era para tirarlas a la calle. Para un y√°mana, la idea de comprar un objeto o alimento era inconcebible; en el Cabo de Hornos cada uno obtiene lo que necesita y lo dem√°s es de todos, pero esto, como muchas otras cosas, nadie se hab√≠a preocupado por averiguarlo‚ÄĚ.

Acerca de la reflexión de Jack respecto a la causa de la masacre (al presenciar el juicio contra Button en Puerto Stanley):

Paisaje de la tierra de Jemmy Button“Todo estaba dicho. Lodgen anunció que el Tribunal se retiraba a deliberar.

Yo miraba a Button y mi mente disparaba preguntas como zarpazos. ¬ŅQu√© era toda esa farsa? ¬ŅO esos respetables hombres y mujeres ignoraban hasta qu√© l√≠mites hab√≠an sido llevados los y√°manas? ¬ŅNo sab√≠an que lo foqueros y balleneros mataban a palos manadas enteras de focas y lobos marinos, de zorros y guanacos, llev√°ndose la comida, matando por matar?

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