Patagonia, 20 de Febrero de 2020
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Tesoro a vapor

La Patagonia siempre seduce, por sus grandiosas dimensiones, por sus m√°gicos paisajes de mesetas, mar, monta√Īas, lagos y r√≠os. Pero tambi√©n por su gente afectuosa y por algunas pocas atracciones no naturales, como es el caso del ‚ÄúViejo Expreso Patag√≥nico‚ÄĚ, m√°s conocido como ‚ÄúLa Trochita‚ÄĚ. Este pintoresco tren a vapor de 1922 se denomina as√≠ por su angosta trocha de apenas 75 cm.

La Trochita en la estación de Esquel - Foto: Libros de viaje

La Trochita en la estación de Esquel РFoto: Libros de viaje

Subirse a este tren es como negar el paso del tiempo e inmiscuirse en uncuento infantil de comienzos del siglo pasado. Las peque√Īas proporciones de este medio de transporte nos llevan a pensar que viajamos sentados encima de unjuguete.

El Viejo Expreso Patag√≥nico es uno de los m√°s famosos del mundo. Es patrimonio hist√≥rico y cultural √ļnico en su g√©nero, atrayendo a fan√°ticos de ferrocarriles de todas partes del globo. Desde su nacimiento funcionaba como un tren social que un√≠a a trav√©s de 402 km de v√≠as Esquel (Chubut) con la localidad de Ingeniero Jacobacci (R√≠o Negro), hasta que en 1993 la m√°quina dej√≥ de trabajar. En 2006, La Trochita fue reactivada con fines tur√≠sticos.

Interior de los vagonesEn la actualidad realiza dos recorridos turísticos, que atraviesan impactantes paisajes de precordillera y meseta patagónica. El de mayor frecuencia corre entre Esquel y Nahuel Pan (Chubut). Los 40 km por hora a los que viaja nos regalan el espectáculo absoluto de las maravillas de la Comarca de los Alerces.

Los vagones de madera albergan una capacidad de 20 personas y en cada uno hay una salamandra para calefaccionar cuando el clima lo demanda. Las ventanas no son simples ventanas: semejan cuadros móviles, escenas cinematográficas de bellezas naturales que ni la mano de los artistas más prodigiosos podría imitar.

La sala de máquinas del trenCada pitido es un placer y una emoción tan profunda como sentir el vapor de la locomotora esfumándose en el viento. Al cruzar rutas, los automovilistas se bajan al asfalto e intercambian saludos con los pasajeros del tren, como si fueran cómplices de ese tesoro patagónico que viaja sobre rieles.

Luego de una hora de viaje, se arriba a la estaci√≥n del paraje Nahuel Pan, una peque√Īa comunidad de abor√≠genes mapuches. Casi una hora all√≠ nos alcanza para disfrutar de las pocas casas del pueblo, la casa de artesan√≠as y el imperdible Museo de Culturas Originarias. El Viejo Expreso Patag√≥nico es una joya de la PatagoniaAdem√°s, la parada nos ofrece la posibilidad de recorrer la formaci√≥n entera del tren hasta llegar a¬† la locomotora, cuyo motor parece sacado de otro tiempo.
Cuando descendemos del coche, al final del recorrido, tenemos la sensación de haber vivido una experiencia del pasado en esta tierra bella y mítica. Otra forma de ver la Patagonia argentina.

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