Descubriendo Puerto Lobos
Un pequeño lugar virgen de los que todavía quedan muchos en
la costa norte de la Patagonia. Hace poco fue centro de una disputa de límites
entre las provincias de Chubut y Río Negro. En esta nota su historia
y todos los datos para llegar y conocerlo.
Hace
pocos meses Puerto Lobos apareció repentinamente en la prensa regional
y nacional. Lo insólito estaba en los titulares. Había una disputa
de límites entre dos provincias, Río Negro y Chubut, por este
minúsculo paraje al borde del paralelo 42.
¿Qué tiene Puerto Lobos? ¿Qué pasa que de golpe
lo quieren para sí dos provincias si no es ni siquiera un pueblo? Las
preguntas que empezaron a surgir ya imaginaban un secreto, algún complot,
riquezas escondidas...
Puerto Lobos no tiene una mina de oro oculta, ni petróleo bajo sus
tierras ni ostras con perlas detrás de las olas. Pero sí tiene
una atrapante belleza y una historia que queremos contarle.
Allá por los años 30 Puerto Lobos era una pequeña población:
un juzgado de paz, una comisaría, una escuela, el almacén, unos
pocos pobladores... Un caserío al borde de la larga recta de la ruta
3, paradito sobre el Paralelo 42. Y en aquellos tiempos eso significaba que
a partir de allí comenzaba la zona libre de impuestos. Tenía
su importancia.
Pasaron los años y el progreso indicó que la ruta 3 sería
asfaltada y tendría un nuevo trazado 22 kilómetros hacia el oeste.
Y Puerto Lobos quedó allá, demasiado lejos como para sobrevivir.
El pequeño pueblo desapareció.
Pero no desaparecieron sus playas, ni las aguas llenas de peces, ni las rocas
pobladas de pulpos y mejillones, ni los guanacos y ñandúes con
sus charitos, la famosa mara patagónica y las martinetas de los campos
que lo rodean.
¿Cómo llegar?
Puerto Lobos se encuentra en el km. 1113, a 56 km. al sur de Sierra
Grande y a 88 de Puerto Madryn.
Hay que ir por la ruta 3 y luego tomar un desvío de 20 kilómetros
hasta la costa, por un camino de ripio.
Al
llegar hay una extensa playa llena de piedras pequeñas, donde el mar
se hace profundo a pocos pasos de la costa. Allí están las ruinas
del viejo hotel y el resto de las construcciones del antiguo Puerto Lobos.
Cuando la bajamar es grande, sólo algunos días al año,
se descubren las rocas donde se pueden recolectar mejillones, vieyras, ostras
cholgas y pulpitos.
Si nos colocamos mirando hacia el mar, a la izquierda hay un riacho, una pequeña
entrada de mar en la que también se encuentra buena pesca: pescadillas,
pejerreyes y cornalitos para atrapar con la red.
Cruzando el riacho, hacia el norte, cambia el paisaje y se llega a una extensa
playa de arena denominada por los lugareños "Puesto Blanco".
Aquí también, durante la bajamar (pero esta vez las comunes,
no hay que esperar lunas extraordinarias), se descubren rocas donde se pueden
recolectar, al igual que en la playa de Lobos, mejillones, cholgas y pulpitos.
Existe un piletón especial, muy grande, en el que se pescan meros. Es
necesario tener cuidado al internarse en las rocas y vigilar muy bien el tiempo
para no quedar atrapado por el mar cuando crece.
¿Dónde alojarse?
Para estar al borde de la playa la única opción es el camping
libre y totalmente agreste. No existen servicios por lo que hay que llevar todo
lo necesario para la subsistencia, sin olvidar el agua.
Si
no se desea hacer camping existe un pequeño hotel en el cruce de la ruta
3 con el desvío para la playa. Se llama "El Empalme". Es
un alojamiento típico de la Patagonia, con pocas habitaciones, limpio,
modesto pero muy bien atendido. Sus dueños son lugareños,
conocen infinidad de historias y todos los secretos del lugar, preparan comida
casera y también organizan a pedido excursiones para pescar salmones
y cazar tiburones.
Para confirmar las posibilidades de alojamiento hay que comunicarse con Héctor
y/o Elsa Igoa al Tel.: 02965-430093.
Tienen un comedor en el que sirven comidas caseras a precios muy accesibles.
No hay que dejar de probar los tallarines y el corderito asado, todo acompañado
por el pan amasado por Elsa.
Como dijimos al principio, en Puerto Lobos no hay nada pero está todo:
todo el sol, toda la playa, todos los peces, todo el tiempo... Si este verano
recorre la costa de la Patagonia Norte no dude en acercarse. La naturaleza lo
está esperando.
Agradecemos la colaboración de Paola Laurini con la historia,
los datos y las fotos.
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