Patagonia, 18 de Agosto de 2019
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Patagonia: el descubrimiento

Patagonia: una palabra que transporta al lector a un territorio mágico y fascinante. Tan vasto como se desconoce, está evocado en nuestra imaginación de muchas maneras diferentes. Siempre ha sido una tierra de conquista y colonización, desde que Fernando de Magallanes descubrió la costa patagónica y el Estrecho que lleva su nombre.

Estas desoladas orillas albergaron a famosos navegantes que sufrieron la fuerza salvaje de su caracter√≠stico e incesante viento. Eso, m√°s la dudosa hospitalidad de las tierras √°ridas donde nada crece y no se puede encontrar agua. Llegar fue una haza√Īa notable. Pero establecerse era pr√°cticamente imposible. Magallanes descubri√≥ estas tierras por casualidad. Su objetivo era llegar a las «Islas de la Especier√≠a» (Molucas) y regresar a Espa√Īa con sus naves cargadas de especias, seda, porcelana y todo tipo de bienes valiosos que pudiera encontrar en el camino.

Al igual que Col√≥n, cre√≠a que era posible llegar al este a trav√©s del oeste. Y se supon√≠a que este viaje era la prueba de su hip√≥tesis. La expedici√≥n consist√≠a de cinco barcos, (San Antonio, Trinidad, Concepci√≥n, Victoria y Santiago), con Magallanes al mando de esta empresa. Aunque cada barco ten√≠a su propio capit√°n, era √©l quien ten√≠a la responsabilidad de las decisiones finales. De hecho, poco despu√©s de abandonar el puerto, decidi√≥ cambiar la ruta preestablecida y, costeando √Āfrica hasta Guinea, dio √≥rdenes de virar hacia Brasil. Juan de Cartagena, supervisor general y capit√°n de San Antonio, exigi√≥ una explicaci√≥n. Magallanes, quien obviamente no estaba acostumbrado a responder por sus decisiones, consider√≥ esto como una especie de insulto y r√°pidamente relev√≥ a Juan de Cartagena de sus deberes como supervisor y lo reemplaz√≥ con Antonio de Coca (contador de la expedici√≥n). Despu√©s de este incidente, Magallanes se volvi√≥ bastante paranoico y, desconfiando de las intenciones de sus capitanes, finalmente reemplaz√≥ a Antonio de Coca por un primo, √Ālvaro de Mezquita.

Sin embargo, despu√©s de un mes y medio de navegaci√≥n, Magallanes se dio cuenta de que los c√°lculos del mapa que estaba usando estaban equivocados. Guard√≥ este secreto a los otros capitanes y se neg√≥ a seguir sus sugerencias para encontrar un puerto seguro donde pudieran refugiarse, obtener suministros y mantenimiento para los barcos. Magallanes, muy seguro de s√≠ mismo, logra imponer su autoridad. El 31 de marzo de 1520 lleg√≥ a una bah√≠a a la que llam√≥ Bah√≠a San Juli√°n, donde desembarcaron para pasar el invierno. La comida y el vino estaban racionados y los hombres estaban desanimados y resentidos. Los capitanes consideraron que era el momento perfecto para fomentar el mot√≠n, y eso marc√≥ el comienzo de un episodio en el que la traici√≥n, la crueldad y el asesinato fueron moneda com√ļn. Los l√≠deres de la insurrecci√≥n fueron Quesada, Mendoza y Cartagena que, junto con un grupo de hombres, abordaron el San Antonio. Tomaron prisionero a √Ālvaro de Mezquita y apu√Īalaron a Juan Elgorriaga porque los enfrent√≥, dejando claro que desde ese momento daban las √≥rdenes. Juan Sebasti√°n Elcano fue nombrado capit√°n. A la ma√Īana siguiente, uno de los barcos, el Trinidad, envi√≥ un bote con algunos de los tripulantes al barco de los amotinados para pedir que alguien los acompa√Īara a tierra en busca de madera y agua. Pero nadie se movi√≥, y una voz les inform√≥ que solo hab√≠an recibido √≥rdenes de Gaspar de Quesada. Los hombres volvieron a informar a Magallanes sobre la situaci√≥n.

Por otro lado, los amotinados, asustados por las posibles y muy severas consecuencias de su rebelión, pidieron ser recibidos por el almirante para iniciar conversaciones.

Magallanes tomó prisioneros a los mensajeros y, a su vez, envió un bote con Gonzalo Gómez Espinosa con una respuesta escrita. Luis Mendoza, capitán del Victoria, recibió a Espinosa, quien a sangre fría clavó una daga en la garganta del capitán mientras leía la nota. La tripulación observó todo, paralizada por la conmoción, y fue entonces cuando otros quince hombres armados enviados por Magallanes tomaron el mando de la nave, y proclamaron capitán a Duarte de Barbosa (suegro de Magallanes). Dirigió esta nave junto a la Trinidad, que controlaba la entrada a la bahía. Mendoza y Quesada fueron juzgados y sentenciados a muerte. Ambos fueron decapitados y sus cuerpos, destrozados, fueron atrapados en postes, exhibidos para que todos los vieran. Tal era la forma en que se castigaba la traición en aquellos días. Hubo otros hombres asesinados, y presumiblemente algunos fueron perdonados porque su trabajo a bordo era necesario, pero el perdón se mostró como un acto de misericordia. Magallanes tenía que enfrentar otro problema: suavizar el terrible impacto de estos dramáticos eventos y mantener a su tripulación ocupada y activa. Decidió construir un taller con una fragua y concentrar la atención de todos en reparar los barcos.

Pasaron dos meses antes de que hicieran su primer contacto con los nativos. Estos fueron descritos como «grandes como gigantes, sus caras anchas te√Īidas de rojo excepto por los ojos que estaban rodeados por c√≠rculos amarillos, y dos huellas en forma de coraz√≥n en sus mejillas». Se cree que Magallanes llam√≥ a estos nativos Patagones a causa de sus enormes pies. Los nativos eran bastante amigables al principio, pero los reci√©n llegados, en un estilo que era t√≠pico de los conquistadores, pensaban que pod√≠an regresar con ellos a Espa√Īa en cautiverio. Como no pod√≠an llevarlos a bordo por la fuerza, pensaron en una manera de enga√Īarlos. Les mostraron a los nativos algunas cadenas de hierro para atraer su atenci√≥n, y luego, simulando que eran un regalo, pusieron las cadenas alrededor de sus tobillos. Cuando los nativos se dieron cuenta de que eran prisioneros, se pusieron furiosos y comenzaron a pelear. Un marinero fue herido con una flecha envenenada y muri√≥ instant√°neamente.

Los espa√Īoles respondieron con armas de fuego, pero los nativos lograron escapar. No solo eran corredores muy r√°pidos, sino que tambi√©n corr√≠an en una especie de zigzag, as√≠ que al final enga√Īaron a sus posibles captores, quienes, a pesar de eso, incendiaron sus chozas.

Un mes despu√©s, Magallanes decidi√≥ que era hora de abandonar esta regi√≥n, aunque su misi√≥n estaba lejos de completarse. En octubre, una terrible tormenta empuj√≥ a los barcos hacia el sur hasta que llegaron a un promontorio que bautizaron Cabo de las Once Mil V√≠rgenes. M√°s adelante, viendo lo que parec√≠a un estuario, Magallanes envi√≥ a Concepci√≥n y San Antonio a explorar. Tuvieron cinco d√≠as para llevar a cabo este reconocimiento, y mientras tanto los barcos restantes esperaban cerca, en un lugar llamado «Bah√≠a de la Posesi√≥n». Pasaron unos d√≠as y, de pronto, se vio que los barcos regresaban, saludando con los ca√Īones, ondeando banderas, con los marineros saltando con entusiasmo, abraz√°ndose unos con otros…

¬°La victoria era suya!

Finalmente se descubri√≥ el pasaje al Pac√≠fico. Magallanes hab√≠a triunfado. En esos d√≠as dif√≠ciles, las celebraciones no duraron mucho. Las acciones futuras deben ser decididas, las nuevas decisiones deben ser tomadas. Debido a la falta de suministros, al cansancio de la tripulaci√≥n y al mal estado de los barcos, la opini√≥n general de los capitanes favoreci√≥ el regreso a Espa√Īa. Pero Magallanes se neg√≥ y dio √≥rdenes de navegar hacia Molucas, su destino original. Encontr√≥ su muerte en la isla de Mactan, luchando con los nativos, el 27 de abril de 1521. Ten√≠a cuarenta y un a√Īos. El itinerario continu√≥ por medio de Elcano, que lleg√≥ a Espa√Īa a bordo del Victoria, el 8 de septiembre de 1522, completando as√≠ la primera circunnavegaci√≥n del mundo seg√ļn lo planeado por Magallanes. Esta fue, sin duda, la mayor haza√Īa n√°utica de la √©poca.

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