Patagonia, 26 de Abril de 2019
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Esquiar, mi primera vez

Aventurero profesional, nuestro columnista Mariano Fernández Soler nos cuenta su experiencia la primera vez que se deslizó sobre un par de esquíes. Lea esta nota, se divertirá y seguramente se animará a descubrir el infinito placer de deslizarse sobre la nieve.

Desde luego, es un amigo mío...La historia comienza cuando, junto con un compañero de aventuras, que ofició a la vez de guía turístico para el debut en esta actividad deportiva, contratamos un tour y nos fuimos para Chapelco.

El primer día me despertaron a las 7:30 y me dijeron: “Vamos a desayunar así aprovechamos el día”. Uno piensa que el esquí tiene horarios muy extraños ya que afuera todavía está oscuro y nieva. Luego de despertarse, uno se viste poniéndose todo el ropero encima, pensando que el esquí es un deporte para pingüinos. Craso error, ya veremos porqué.

Al llegar a las pistas nos dirigimos hacia el lugar donde alquilan los equipos. Allí, un entendido en el asunto mide nuestra altura y nos pregunta cuánto calzamos. En mi caso, me dieron un par de esquíes como para armar un puente, de 1,90 de largo. La explicación vino después y es sencilla: cuanto más novato se es, más largos son los esquíes porque otorgan mayor estabilidad.

Otro tema son las botas. Son de material rígido y poseen en su interior una especie de bota más pequeña de material blando. La función de este calzado es mantener el pie en una posición cómoda y segura para esquiar. Y lo primero que se siente, es que las botas obligan a caminar con las rodillas flexionadas,como veremos, una de las primeras lecciones del esquí.

Caminando como un vaquero y con los esquíes y los bastones a cuestas, emprendí la marcha hasta el lugar donde se dictan las clases, buscando al grupo de los “¿Dónde estoy?”. Pero ya estaba listo para la gran aventura que paso a relatar…

¿Cómo ponerse los esquíes?

Otra foto de mi amigo -:)Respuesta: Con ayuda de alguien…Primero hay que colocar en el piso los esquíes paralelos y, a continuación, ubicar la punta de la bota de una pierna contra la puntera del esquí. Luego se apoya la planta del pie y finalmente se aprieta contra una traba que tiene el esquí. Una vez que está puesto el primer esquí, la sensación es muy extraña, porque nuestro pie creció un par de metros y las maniobras estando parados se hacen más complicadas, y a la vez más cómicas. También ocurre que nos deslizamos hacia delante o hacia atrás sin quererlo, con un pánico proporcional a la pendiente en la que nos encontremos. Para sacarse los esquíes, bastará agacharse y apretar una traba que tiene el esquí y que hará saltar la bota de su fijación.

Antes de seguir, y para no desalentar, en el esquí no hay que desvivirse por evitar una caída. Es menos doloroso y más divertido caerse en la nieve que hacer un mal movimiento por evitarlo. Además, los esquíes utilizados para principiantes tienen fijaciones menos “celosas”, es decir, que al caer, el esquí saltará de su posición con más facilidad, para evitar malos movimientos o torceduras.

Lo primero que se aprende es a “hacer la cuña”, que consiste en adoptar una posición de esquí que nos otorga el dominio y nos permite frenar cuando queremos. Consiste en flexionar un poco las piernas y poner los talones hacia fuera y la punta de los pies hacia adentro. Esto hará que la punta de los esquíes se cierre y nos permita frenar, lo que constituye la actividad más importante del esquí para novatos. Una vez aprendida la cuña, con la cual podremos avanzar en línea recta y frenar, se enseña a doblar. Eso se logra, siempre con la misma cuña, volcando el peso corporal hacia el lado contrario del que se quiere doblar. Es decir, si queremos doblar hacia la izquierda, volcaremos nuestro peso sobre el esquí derecho, y lo contrario para doblar hacia la derecha.

Con estos rudimentos, uno ya está en condiciones de “manejar” los esquíes y dirigirse hacia donde uno quiere, supuestamente.

Lección número dos: los Medios de Elevación…

Cuando uno ya aprendió los rudimentos de la cuña, cómo frenar y cómo doblar, está listo para ir a las pistas propiamente dichas, a desplegar las habilidades recién adquiridas. Para eso se utilizan, generalmente, tres tipos de medios de elevación: los poma-lift, las sillas y los teleféricos.

Los “poma” son unos palitos colgados de un cable carril, que terminan en un disco de plástico para enganchar con las piernas y “sentarse”. Estos palitos hacen que uno esquíe para arriba, es decir, que suba la montaña deslizándose cuesta arriba. Eso no es tan sencillo como parece por lo que, en general, se reserva a esquiadores un poco más avezados. De todas maneras, la forma de subir consiste en mantener los esquíes paralelos y dentro de la “huella” que se forma por el tránsito continuo y, sobre todo, no perder la calma si nos caemos, sólo será necesario corrernos un poco hacia el costado y ver si podemos bajar esquiando o bien pescar otro “poma”, lo que, en general, es bastante improbable.

El segundo, y más utilizado medio de elevación son las telesillas, que consisten en sillines suspendidos que se mueven mediante un cable tractor. Hay para dos, tres, cuatro y hasta cinco personas. En las de mayor capacidad, es conveniente para los novatos solicitar viajar “del lado de la ventanilla”, es decir, en los extremos, porque, al bajar podrán agarrarse de los pasamanos. Normalmente, para bajar de las telesillas, basta con ponerse en cuña y la silla empujará levemente la cola del esquiador, como para alejarlo de ella.

En el caso de que uno se caiga en la salida, normalmente hay un operador que le ayudará a levantarse. No es para preocuparse porque hay un tiempo entre una silla y otra. Si no nos podemos levantar, normalmente el empleado detendrá la silla siguiente, pero si después de un tiempo seguimos en el suelo y no han detenido el tráfico de sillas, lo mejor será que tratemos de arrastrarnos hacia un costado, con cuidado de no levantar la cabeza.

Por último, el teleférico es una especie de cabina, en la cual habrá que desmontarse los esquíes para subir.

Lección número tres: el zigzag

El próximo paso en las clases, probablemente al día siguiente, será realizar lo que se denomina esquí en travesía. Consiste en bajar pendientes anchas en zigzag, como para evitar tomar velocidades no muy recomendables a esta altura del entrenamiento.

Cuando uno domina ya estas habilidades, podrá hacer alguna pista fácil de las de categoría “moderada”. En los mapas de las pistas, por lo general, las marcadas con color verde son para principiantes, con pendientes muy suaves y de largo recorrido.

El esquí es un deporte hermoso, tanto en su forma “paseandera” como en su versión más “pistera”, pero es necesario no tomar más riesgos de los que uno esta capacitado para afrontar. No se deje llevar por grupos que quieren ir a las pistas más difíciles por el mero espíritu de aventura, sin siquiera saber hacer la cuña. La consecuencia más probable será que, después de ver la pendiente desde arriba (se ven mucho más empinadas que desde abajo) y ponerse blanco de miedo, haya que empezar a bajar caminando, con los esquíes al hombro y bastante desilusión. Créanme, me pasó algo así.

Lección número cuatro: el equipo

Como dijimos antes, no es necesario ponerse todo el ropero encima. Es más, si lo hacemos lo más probable es que sintamos mucho calor, porque estaremos realizando un gran esfuerzo físico, además de los nervios… Seguramente nos arrepentiremos de haber traído el camperón, el polar, el buzo y las dos remeras.

La cantidad de ropa adecuada dependerá de cada persona, pero en general, se requieren tres o cuatro cosas. Estas sí son indispensables:

Un abrigo cómodo, que, de acuerdo con el clima deberá incluir un gorro o capucha.

Ropa abrigada pero liviana, en lo posible, confeccionada con materiales llamados “térmicos”.

Anteojos de sol, porque el reflejo de la nieve en días soleados lastima los ojos.

Guantes impermeables.

Crema con protector solar y lápiz de manteca de cacao para los labios, si es posible, también con protector

En cuanto a las fotos, a pesar de que encontraremos numerosas bellezas para capturar, hay que tener en cuenta que en algunas ocasiones, la cámara puede resultar incómoda. Lo mejor es poder turnarse con alguien para que la tenga un rato cada uno.

Como se ve, no son demasiadas las habilidades requeridas para empezar a esquiar, poder desenvolverse y pasear por las pistas moderadas y fáciles para alguien que nunca pisó la nieve. En general los cursos duran 3 ó 4 días y tienen 4 ó 5 horas de práctica, en dos turnos: mañana y tarde.

Ahora sí, ¡a disfrutar del esquí, que este año la nieve está inmejorable!

Mariano Fernández Soler

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