En diciembre de 1833, el bergantín HMS Beagle echó anclas en la costa atlántica de Santa Cruz, introduciéndose en una de las formaciones hidrográficas más singulares del planeta: la ría de Puerto Deseado.
A bordo viajaba un joven Charles Darwin, cuya mente ya comenzaba a gestar las ideas que revolucionarían la ciencia moderna. Lo que el naturalista británico halló al explorar este profundo brazo de mar adentrado en la estepa no fue solo una profusión de fauna inusitada, sino un enigma geológico que desafiaba la lógica de la época y que hoy, por su valor científico y paisajístico, se protege bajo la figura de Reserva Natural Intangible.

La ría de Deseado ostenta una condición única en el continente americano: es el único río sudamericano que abandonó su cauce original, el cual fue posteriormente invadido y ocupado por el océano Atlántico a lo largo de un trayecto de más de cuarenta kilómetros. Esta particularidad geomorfológica es el resultado de eones de erosión que el primitivo río Deseado ejerció sobre la meseta circundante, tallando a su paso vistosos y profundos cañadones de roca volcánica rojiza pertenecientes al período Jurásico. El científico, al recorrer estos acantilados verticales y establecer su asentamiento en las proximidades de lo que hoy se conoce históricamente como el Campamento de Darwin, quedó perplejo ante la monumental escala de las paredes pétreas y la ausencia de un río caudaloso que justificara semejante desgaste, describiendo el escenario como un majestuoso «valle sin río».

Este ecosistema híbrido propicia un santuario biológico extraordinario. Una de las mayores particularidades de este ambiente es la coexistencia de cinco especies distintas de cormoranes, aves estrictamente marítimas que encuentran en las paredes de los cañadones el sitio perfecto para nidificar. Asimismo, la ría es el hogar del pingüino de Magallanes, cuyos ejemplares acuden fielmente a establecer sus principales colonias entre los meses de octubre y abril en enclaves insulares estratégicos como el Islote Punta del Paso, la Isla de los Pájaros, la Isla Quiroga y la Isla Chaffers.
A lo largo de la costa, la geografía despliega un abanico de atractivos que jalonan los paseos náuticos y terrestres, tales como el Balneario de las Piletas, Punta Cavendish, la Cueva de los Leones, el Muelle de Ramón, y los imponentes Cañadón Jiménez, Cañadón del Puerto y Paraje la Mina.
Conocer los secretos de la región y planificar una visita a este santuario natural es posible desde Puerto Deseado. Adentrarse hoy en sus rincones es, en esencia, asistir al nacimiento de la teoría de la evolución en el mismo escenario indómito que modificó para siempre la historia de la ciencia.