Es una criatura que parece una mezcla entre una liebre, un conejo, un pequeño ciervo y un canguro.
Tus ojos no te están engañando: acabas de conocer a la mara patagónica. Es una de las mejores «ilusiones ópticas» de la naturaleza. Aunque la mara patagónica parece como si alguien hubiera tomado a un conejo y le hubiera estirado las patas para que pareciera un pequeño ciervo, en realidad es un roedor. Específicamente, es uno de los roedores más grandes del mundo, estrechamente emparentado con los cobayos y los carpinchos.

¿Cómo es que un roedor termina pareciéndose a un conejo de patas largas? La respuesta reside en un concepto fascinante llamado evolución convergente.
Es la forma en que la naturaleza encuentra la misma solución al mismo problema dos veces. Tanto la liebre europea como la mara patagónica viven en pastizales abiertos con muy pocos lugares para esconderse. Para sobrevivir en un vecindario lleno de pumas y zorros, se necesitan dos cosas: un oído increíble y la capacidad de salir disparado en cualquier momento.
A lo largo de millones de años, la mara desarrolló patas traseras largas y potentes, y orejas de gran tamaño —rasgos casi idénticos a los de la liebre— simplemente porque eran las mejores herramientas para el trabajo.
Aunque la silueta puede engañar desde la distancia, una mirada más cercana revela las verdaderas raíces de roedor de la mara. Así es como se comparan con los animales con los que se confunden tan a menudo:
| Característica | Mara Patagónica | Liebre Europea |
| Orden Científico | Rodentia (Roedor) | Lagomorpha (Lagomorfo) |
| Árbol Genealógico | Estrechamente emparentada con los cobayos | Estrechamente emparentada con los conejos |
| Las Patas | Garras similares a pezuñas para suelo seco | Almohadillas suaves y peludas |
| El Andar | A menudo camina o hace «stotting» (saltos) | Principalmente brinca o corre |
Vida social en la estepa
Más allá de su apariencia, la mara es un caso atípico en el reino animal debido a sus «valores familiares».
Estrictamente monógamas: Mientras que muchos roedores son… digamos, «socialmente flexibles», las maras son estrictamente monógamas. Se emparejan de por vida. Casi siempre las verás en parejas, con el macho actuando como un guardaespaldas, montando guardia mientras la hembra pasta.
Guarderías comunitarias: A pesar de ser parejas devotas, son vecinos sorprendentemente buenos. Varias parejas suelen compartir una única y gran «madriguera de reproducción». Mientras las crías pasan el tiempo juntas en una guardería subterránea gigante, las madres son expertas en olfatear a su propia descendencia para asegurarse de alimentar solo a los suyos.
Construidas para la velocidad: Si aparece un depredador, la mara no solo corre; realiza un movimiento llamado «stotting»: rebotar sobre las cuatro extremidades a la vez. Es una exhibición de aptitud física a alta velocidad que le dice al depredador: «Ni te molestes en perseguirme; me sobra energía».
La Mara es entonces un recordatorio curioso y hermoso de que, en la Patagonia, las cosas rara vez son exactamente lo que parecen a primera vista.
