Alojamiento en Junín de los Andes
El Via Christi, un recorrido que unifica culturas y épocas
Es atrapante y por qué no conmovedor también recorrer un camino que escenifica la vida de un Cristo mapuche a partir de esculturas realistas que interpretan momentos críticos de nuestra sociedad. Sin darnos cuenta, quizás el sendero nos lleve a revivir momentos de la crisis argentina de 2001 o por qué no a ser parte de la Conquista al Desierto. Es cuestión de dejarse llevar.
Junín de los Andes es un destino muy vinculado al turismo religioso debido a que gran parte de las actividades se orientan en esta dirección. Así veremos l
a promoción de puntos como el Museo Municipal Mapuche, el Cerro de la Cruz, la Iglesia Nuestra Señora de las Nieves obien la visita autoguiada por los lugares en donde vivió la Beata Laura Vicuña. Pero lo que quizás llame más la atención por sus dimensiones y trabajo es el Via Christi, un circuito que pretende recrear la vida de Cristo con grandiosas estatuas (tanto en dimensión como en calidad artística) apostadas en 18 estaciones cuidadosamente distribuidas en 2,5 kilómetros de sendero.
A partir del año 2000 se comenzó con este proyecto que continúa ampliándose gratamente, en el que colaboraron arquitectos, artistas plásticos, albañiles así como asesores religiosos, logrando un magnífico trabajo y un recorrido conmovedor en el cual se aprecian imponentes esculturas y sobrerrelieves cargados de compromiso histórico.
Aún así la apuesta más impactante que plantea el circuito, o por lo menos lo que logró un efecto cautivante en lo personal, es esa dialéctica entre pasado y presente. Los años de Jesucristo, los de la Conquista del Desierto y los actuales mezclados entre el yeso y la carga simbólica de cada elemento escogido. Más aún, esa unión no es sólo espacio-temporal sino también social. Cada escena esboza un sincretismo cultural entre el mapuche y el hombre blanco en situaciones bíblicas que nos llaman a pensar el presente y que resultan espeluznantemente atrapantes.
Tal vez, algunos ejemplos logren graficar la experiencia.
Estación Nº 4, “Jesús cura al hombre manco”. Se observa a Jesús realizando un milagro de sanación, mientras que un hombre sujeta desde abajo de la tierra al hombre manco. Tal vez la escena resulte un simple reflejo del pasaje bíblico, sin embargo al leer la interpretación de
Alejandro Santana, director del proyecto y escultor de gran parte de las piezas, las figuras toman otro color. La imagen fue realizada en épocas de crisis en las que pese a la creciente pobreza, las leyes de mercado y de la globalización eran recetas obligatorias. El hombre manco representa a un desocupado con las manos tullidas, que quiere trabajar pero tiene la mano paralizada; quien lo tira para abajo es uno de esos popes de la economía y su rostro está basado en el de Domingo Cavallo. Uno está manco pero no enterrado, el otro está ciego.
Estación Nº 6, “Jesús lava los piesa sus amigos”. Esta es una escena
emblemática de la armonía entre culturas. La anciana a la queJesús le lava los pies y ante quien “se abaja” está basada en la abuela Rosa Cañicul, del pueblo mapuche de Pullán Pullán, que aceptó modelar aunque previamente miembros de siete comunidades de los alrededores se acercaron para rogar a Dios por ello.
Estación Nº 11, “Jesús es despojado de sus vestiduras”.
Esta escena representa la situación vivida por los aborígenes durante la conquista de las Américas y la del Desierto. Los tres personajes son: el conquistador español Pizarro, el Cristo indígena, y el General Julio A. Roca, quien le quita a Jesús el poncho con las guardas propias de esa cultura aborigen.
Sobrerrelieve de la estación Nº 13. “La oreja por un patacón”.
Santana analiza aquí cómo el trabajo comenzado por Roca es continuado por Yrigoyen con la Patagonia Trágica y el asesinato de los obreros en las huelgas del sur del país. Les daban a los cazadores de personas un patacón por cada orejo de indio que llevaran.
El paseo resulta tan interesante como placentero. El paisaje es inmejorable, y entre las estaciones es posible hallar descansos con bebederos, pequeños estanques y miradores, todos ellos planeados por los arquitectos y esculpidos a la perfección.
Por todo lo dicho, salta a la luz que es una visita recomendable no sólo para gentes de fe sino también para amantes del arte y de propuestas innovadoras y proyectos que muestran un notable esfuerzo y vocación.
Por Marina Ollari














