Patagotitan mayorum: El coloso que reescribió la historia de los dinosaurios
Hace algunos años investigadores del Museo Feruglio (MEF), de Trelew, desenterraron los restos de una criatura que desafía los límites de la imaginación: el Patagotitan mayorum, el dinosaurio más grande del que se tenga registro en el planeta.
Con un fémur original de 2,40 metros que por sí solo sobrepasa la media tonelada, este gigante destronó a titanes previamente conocidos como el Argentinosaurus de Neuquén, consolidando a la Patagonia como la indiscutida tierra de los colosos cretácicos.

La épica del hallazgo, como suele suceder con los grandes hitos de la ciencia, fue un exquisito capricho del azar. Todo comenzó en 2012 cuando Aurelio Hernández, un trabajador rural que recorría con su perro las vastas 12.800 hectáreas de la estancia La Flecha (hoy propiedad de la familia Mayo) en el paraje El Sombrero, notó un hueso colosal asomando en la aridez de la meseta. Inmediatamente, se dio aviso y el asombro no tardó en llegar al técnico en paleontología Pablo Puerta y al equipo del Museo Feruglio. Las primeras campañas en el terreno, iniciadas en enero de 2013, confirmarían que el paisaje escondía un tesoro incalculable.

Las tareas fueron monumentalmente complejas y las excavaciones revelaron una necrópolis prehistórica deslumbrante. «Cuando nos pusimos a excavar y descubrimos el fémur y los otros huesos como la cadera, costillas y húmero, nos quedamos perplejos”, recuerda el biólogo e investigador del Conicet, José Luis Carballido. Aquel lecho de roca no guardaba un solo individuo, sino un extraordinario total de 240 restos fósiles correspondientes a siete especímenes diferentes, atrapados por los eones en lo que alguna vez fue una exuberante y cálida selva.

Este fabuloso ejemplar pertenece al grupo de los saurópodos, aquellos inmensos herbívoros de cuello largo que se desplazaban en manadas buscando alimento. Son, inequívocamente, las criaturas terrestres más majestuosas que jamás hayan pisado nuestro planeta.

Para salvaguardar esta joya paleontológica y llevar a cabo un estudio minucioso, los huesos fueron envueltos en robustos bochones de yeso y arpillera para su cuidadoso traslado al Museo Egidio Feruglio (MEF). La abrumadora cantidad de piezas rescatadas permitió completar hasta el 70% del esqueleto, brindando certezas inéditas a la ciencia. Semejante fenómeno no solo impulsó una fascinante «fábrica de réplicas» mediante modelado 3D para completar los faltantes, sino que forzó al propio museo a emprender una colosal ampliación de sus instalaciones, coronada con su flamante reinauguración en noviembre de 2024.
El MEF fue fundado en 1990 y desde el año 2000 ocupa su sede actual, aunque debió ampliarse para albergar al Patagotitan, que en 2015 había sido exhibido en el Centro de Convenciones de Trelew. Las obras de expansión se extendieron durante cinco años, dos de los cuales el museo permaneció cerrado al público.
Didáctico y entretenido, el MEF recorre los tres grandes períodos de la era mesozoica: Triásico, Jurásico y Cretácico. Visitarlo es un permanente estímulo para la curiosidad, un viaje hacia un pasado remoto que ayuda a comprender la evolución de la vida en la Tierra. Su nombre homenajea al geólogo italiano Egidio Feruglio, quien llegó a la Patagonia en 1920 tras el descubrimiento de petróleo en Comodoro Rivadavia. Sus trabajos de campo lo convirtieron en una figura clave para el desarrollo de la geología y la paleontología patagónicas.

Para Rubén Cúneo, director del MEF, la llegada del Patagotitan representa el cenit de la paleontología contemporánea, una verdadera «carrera armamentística» evolutiva donde la Patagonia simplemente tiene «el más grande y el más todo».
Gracias a la altísima fidelidad del esqueleto restaurado, los expertos pudieron determinar su masa con precisión matemática: el Patagotitan alcanzó las 70 toneladas de peso, el sobrecogedor equivalente a más de una docena de elefantes adultos.

Con un porte que bordea lo irreal, la imponente criatura ostentaba 33 metros de largo desde la cabeza hasta la punta de la cola, y se alzaba majestuosa a unos 6,5 metros de altura en su postura de reposo.
Habiendo monopolizado el asombro global en escenarios del calibre del Museo de Historia Natural de Nueva York, el CaixaForum de Madrid y salas desde Londres hasta Singapur a través de sus perfectas reproducciones, estos huesos nos develan precisos secretos anatómicos de la era de los dinosaurios.
