Patagonia, 20 de Marzo de 2019
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La ruta 40 y la magia de la nada

Mempo Giardinelli pone a nuestro alcance este entra√Īable relato que nos traslada a la legendaria Ruta 40. Al recorrerla con su cochecito rojo, el autor chaque√Īo escribe sus percepciones y de pronto la formidable ‚Äúnadedad‚ÄĚ que bosqueja con su l√°piz de artista se va llenando de palabras, de significados y de colores. La realidad que describe es una retrato del tiempo que avanza detenido, donde los km y las horas se suceden unas a otras pero la imagen ‚Äďsiempre hermosa de la Patagonia- no se modifica, nos devuelve su eternidad absoluta, como en un jard√≠n de espejos.

LA MARAVILLA EN EL CENTRO DE LA NADA

por Mempo Giardinelli

La Ruta 40 y el cieloEs todav√≠a temprano. La ma√Īana resplandece lentamente, con el sol que se refleja en las monta√Īas. Los Andes al Sur, donde termina el continente americano, son de una belleza absoluta, fr√≠a y perfecta. Esta ma√Īana los miro desde uno de sus rincones m√°s inh√≥spitos: la m√≠tica Ruta 40, que atraviesa la Argentina completamente, del extremo Norte hasta el finisterre suriano, como una gigantesca columna vertebral de m√°s de cinco mil kil√≥metros de largo.

La Ruta 40 es una interminable l√≠nea irregular que las autoridades han pretendido siempre que es una carretera, pero que en la realidad es s√≥lo un camino que ni siquiera merecer√≠a llamarse tal, porque es s√≥lo un trazado ancho con millones de piedras amontonadas a los costados. Pienso en una de las lenguas del Diablo que acompa√Īa a las monta√Īas como una novia.

Tramo de ripio cerca de El Chalt√©nCasi toda es piedra, monta√Īa rota. Piedra sobre piedra, piedras enormes que destrozar√≠an el cochecito por debajo si no fuera que marchamos a paso de hombre, aqu√≠ a cinco kil√≥metros por hora, all√° a diez, esquivando lo imposible, frenando y primera, frenar de nuevo, desviar aqu√≠, acelerar, poner primera nuevamente, segunda, frenar, esquivar y as√≠ hasta que uno se vuelve loco y le tiemblan las manos sobre el volante.

Y la belleza más imponente ahí nomás, alta en el cielo como una naturaleza viva pintada por artistas sublimes, un Raffaello, un Rubens. Todo al alcance de la mano, aunque no hay mano que la toque. Como sucede con las máximas bellezas de este mundo.

Molino abandonado al costado de la Ruta 40 a la altura de Santa CruzCada tanto freno el coche y miro al costado, hacia ese Oriente que encandila con tantos picos abruptos, de alturas de tres mil metros o más, que nos miran como miran loscóndores. El motor, fatigado pero leal, no se detiene sin embargo, no afloja y responde como un canto rodado mecánico que se desliza sobre las piedras y nos lleva por el paisaje, empecinadamente, dando bandazos como si estuviéramos bailando una cumbia delirante.

Piedra sobre piedra, el camino ‚ÄĒes un decir, el camino‚ÄĒ es un gordo sendero escabroso, una especie de lomo de iguana apisonado en Parador solitario en Tres lagosalgunos sectores por las m√°quinas de Vialidad Nacional que pasan cada muerte de obispo, como se dice, y en todo el resto es una alfombra rugosa que parece que no podr√≠a apisonarla ni el pie de Dios.

Todo es lo mismo, piedra sobre piedra. Y es verdad que es piedra sobre piedra como se levantan las civilizaciones, pero aqu√≠ no sucedi√≥. Y en esta hora piedra sobre piedra es apenas el zarandeo de un cochecito rojo sangre que va cruzando la nada-nada. La Nada m√°s absoluta, el centro exacto de la Nada. Porque los pueblos m√°s cercanos de este sitio inusitado est√°n, uno 300 kil√≥metros al Sur y el otro 300 al Norte. Hacia el Este Bajo Caracoles, √ļnico pueblito en cientos de kmqueda la infranqueable cordillera y al Oeste est√° el mar, pero a unos 500 kil√≥metros de distancia. Esto es el mero centro geogr√°fico de la Patagonia y aqu√≠ la √ļnica referencia se llama Bajo Caracoles, un caser√≠o alrededor de un antiguo surtidor de gasolina.

Lo pasamos de largo. Llevamos ya más de treinta kilómetros de piedra sobre piedra. Es esta una pampa infinita en trazo grueso. La sucesión de mesetas parece que llevara consigo, arrastrándolo, al horizonte. Como si para ellas fuera un horizonte portátil. Las mesetas resultan todas la misma meseta y a su vez cada una es la que es. Esparcidas sobre la superficie patagónica como alfombras colosales, se imponen en mis pensamientos. Los condicionan.

En la vast√≠sima ‚Äúnadedad‚ÄĚ es imposible no advertir que la riqueza de la Patagonia, en los albores del siglo XXI, ya no es industrial ni petrolera, ni ganadera ni portuaria, sino tur√≠stica. Santa Cruz es una provincia enorme, casi exactamente igual de Parte asfaltada de la ruta 40grande que toda la Gran Breta√Īa, pero con menos de 200.000 habitantes, dispersos e incomunicados. Y el turismo querecibe, aunque es todav√≠a min√ļsculo, tiene posibilidadesinfinitas como es infinito lo que se podr√≠a hacer aqu√≠. De hecho es un territorio mucho m√°s rico que lo que suele pensarse. Tiene mar y monta√Īas,tiene arena y tiene nieve, tienelagos y desierto, glaciares y pampas, una fauna ex√≥tica y √ļnica tanto en la tierra como en el mar. Por ahora solo vienen europeos discretos y silenciosos, admiradores del tama√Īo y m√°s bien cultores del recato. Pero un d√≠a vendr√°n los americanos del Norte y esto ser√° un carnaval de d√≥lares.

Habría que prepararse para recibir la riqueza que ellos son capaces de derramar. Y también para controlar los desastres que inexorablemente provocan.

Como siempre, conduzco divagando. No avanzamos m√°s que a 10 o 15 kil√≥metros por hora. El pedrer√≠o es impresionante. Ni polvo hay: todo es piedras de tama√Īos variad√≠simos. Piensoque la piedra promedio ha de tener unos cinco cent√≠metros de di√°metro. Ni Nube sobre la Ruta 40caminar se podr√≠a, y sin embargo el cochecito rojo, heroicamente, sube y baja, salta y corcovea, avanza y regula, una maravilla de comportamiento que no deja de asombrarnos. La marcha lenta me permite contemplar el paisaje mientras manejo: veo a lo lejos un cerro enorme, como un meset√≥n que sobresale, escarpado, sobre el paisaje repetido. Fernando mira el mapa y dice que √©se debe ser el Cerro Chato y vamos a treparlo. La parsimonia de la marcha desencadena tambi√©n mis especulaciones filos√≥ficas, literarias, existenciales. Ver la monta√Īa desde abajo, imaginar que en algunas horas estaremos arriba, me excita como una amante. All√° vamos.

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