"Las estaciones fueron un referente ineludible
para los asentamientos poblacionales. Por ejemplo, Huergo tiene como fecha de
inauguración el día que habilitaron la estación", explicó
el historiador Fermín Oreja. Pero en aquel entonces todavía no existía
Huergo ni tampoco Villa Regina ni Cipolletti.
Tres
largos trenes con todas las comodidades posibles trajeron al propio presidente
de la Nación, Julio Argentino Roca, y una gigantesca comitiva de 300 personas
que incluía 61 diputados nacionales, 13 senadores, los miembros de la Corte
Suprema, ministros, dirigentes del comercio, de la banca, compañías
de seguro y periodistas.
La llegada del tren a la
región no sólo fue el germen de los pueblos, sus vías se
constituyeron en el principal motor económico y el factor dinamizador que
tuvo la región durante décadas.
A partir
de los años 30, los galpones de empaque de la Argentine Fruit Distributors
(AFD), también capitales ingleses vinculados a los ferrocarriles, se instalaron
en las mismas playas ferroviarias: Cinco Saltos, Cipolletti, Allen, J.J. Gómez
y después en Regina para expedir directamente la fruta hacia Buenos Aires.
La AFD monopolizaba casi el 80 por ciento de la producción frutícola.
Pero
el tren no fue sólo un factor económico; las estaciones eran también
el lugar de reunión social. "La gente iba a pasear a la estación.
El tren de Zapala a Constitución pasaba a la noche, se detenía y
todos iban a ver quién llegaba y quién se iba. Los muchachos aprovechaban
para conversar con las chicas. Desde el 30 y hasta el 50, era el lugar de paseo
pueblerino", rememoró Oreja.
En 1948 Perón
estatizó los ferrocarriles ingleses y el ramal norpatagónico pasó
a llamarse Ferrocarril Nacional General Roca
La "Estrella
del Valle" iba de Zapala a Bahía Blanca tres veces por semana. Viajaban
600 pasajeros en cada tren.
En 1966 se terminó
de asfaltar la ruta 22 hasta Bahía Blanca y ahí apareció
el camión ofreciendo mayor ductilidad, velocidad y hasta menores costos
para el transporte de la fruta. En dos años desplazó totalmente
al tren. Era el comienzo del fin.
En el 93, los ferrocarriles
- con su inevitable déficit a cuestas- fueron de los primeros en sucumbir
a la ola privatizadora del gobierno de Menem. Hoy, el ramal Roca está en
manos de Amalita Fortabat y por sus vías pasan sólo trenes de carga.
Sus estaciones, hoy en su mayoría abandonadas,
recuerdan el esplendor de aquellos días.
Información extraída de un texto de
Alejandro Rost para del Diario Río Negro