Los primeros exploradores
No se sabe bien quién descubrió la Patagonia. Algunos dicen que
fue Américo Vespucio en su expedición de 1502. Pero lo que es
seguro es que el descubridor de sus habitantes, los "patagones" que
le dieron nombre, fue Magallanes en 1520. Elcano, el único sobreviviente
de esa expedición volvió a la Patagonia en 1525. Él y sus
hombres, tocaron los puertos que hoy se llaman Deseado,
Santa Cruz y Río Gallegos
antes de dirigirse al Estrecho de Magallanes.
Todos estos primeros hombres vinieron por el mar.
Al mismo tiempo, desde el norte y la cordillera, fueron llegando a la Patagonia
otros viajeros-exploradores. Por la cordillera, Jerónimo de Alderete,
un lugarteniente de Pedro de Valdivia, conquistador de Chile, cruzó la
cordillera a mediados del siglo XVI penetrando en tierras de la actual provincia
de Neuquén. Otros lugartenientes,
Francisco y Pedro de Villagra, cruzaron por el paso Villarrica, en la misma
región hacia el año 1553.
Pero cuando los araucanos mataron a Pedro de Valdivia, todo se paralizó
por más de 100 años. Recién después de 1620 vuelven
a cruzar la cordillera otras expediciones.
¿Qué buscaban estos primeros exploradores empedernidos, viajeros
casi a la fuerza?
La mayoría buscaba enriquecerse. Algunos a costa de la cosecha de esclavos
indígenas, otros encontrando el oro y la plata ocultos en alguna parte.
Pero también estaban los que corrían tras un mito: la Ciudad de
los Césares. Esto último fue el motor de la expedición
de Mascardi, fundador de la misión de los poyas, en Nahuel Huapi, en
1670. También tras los Césares andaba Hernandarias cuando salió
de Buenos Aires en 1605 y llegó hasta el Río Negro.
El mito de los Césares
"... la ciudad encantada de los Césares es la última leyenda
que murió en América y la primera que hechizó las infinitas
soledades del sud. Por espacio de trescientos años enloqueció
a guerreros y frailes, arrastrándolos, como fascinados, de un extremo
a otro de la Patagonia". Así lo cuenta el historiador Enrique de
Gandia. Muchos españoles dijeron haber estado allí, y también
hubo indios testigos del milagro.
Según de Gandia, el mito nace de un viaje hecho por el capitán
Francisco César, en 1529, desde el fuerte Sancti Spiritus, en la actual
provincia de Santa Fe, hasta Córdoba o San Luis. Partió hacia
el oeste con pocos hombres y regresó en un mes y medio. Allí seguramente
recogió noticias de los incas, y al volver relataron que "había
tanta riqueza que era maravilla, de oro e plata e piedras preciosas e otras
cosas..."
Y después de los primeros, llegaron otros...
Detrás del padre Mascardi otros viajeros llegaron a la zona de Bariloche:
fueron los jesuitas. Ellos introdujeron, alrededor de 1703, las primeras ovejas.
Fue también un jesuita, el padre Falkner, el que publicó una
obra en la que daba a conocer la Patagonia al mundo entero. A partir de ese
momento, España sintió la codicia que podía despertar una
extensión tan grande apenas habitada y comenzó la población
y fortificación de la indefensa costa patagónica. Así nacieron
San Julián,
en Santa Cruz, San José en Chubut y Patagones-Viedma,
en 1779.
Un siglo después, en 1860, el francés Orélie Antoine I,
se autoproclamó Emperador de Araucanía y Patagonia. Era un monarca
aparentemente loco que se instaló en la parte occidental de la cordillera
de los Andes, pretendiendo fundar un reino andino al sur de la actual Neuquén.
Acuñó moneda y fundó una dinastía que aún
continúa en Francia. Las autoridades chilenas lo apresaron y lo expulsaron.
Aún hoy existen en Francia descendientes de este Rey de la Patagonia
que ostentan títulos nobiliarios heredados de Orélie Antoine I.
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