Por la Cordillera de los Andes en bicicleta
Patagonia-argentina.com pone al alcance de nuestros lectores este interesantísimo relato de un recorrido en bicicleta a través de los Andes, en plena región de los lagos. La aventura comenzó en El Bolsón, en los primero días del mes de marzo de 2003, de la mano de tres amigos, no necesariamente ciclistas experimentados: Christian Kuhn, Nelson Castrillo y Javier Taborda. Todo lo que sucedió día a día está en el siguiente “Diario de Travesía”, escrito minuciosamente por Javier, uno de sus protagonistas.
Día 1: Viernes 7 de marzo
Salimos a las once de la mañana del muelle de Lago Puelo. El
destino final de nuestro viaje en mountain bike era el Paso Pérez Rosales, a
la altura de Bariloche, del lado chileno. Enseguida nos encontramos en Gendarmería,
donde hicimos Aduana, Luego llegamos hasta el final del lago. El lago Puelo
se comunica con el Inferior, que está a menor altura, por medio de unos
rápidos o saltos. La posibilidad de pasar navegando de uno a otro depende
de la altura de estos rápidos. Ese día estaba bajo por lo que
los pasajeros de la lancha tuvimos que descender y seguir luego por el Inferior.
Después de una pequeña caminata en subida, repetimos el trámite
de Aduana en Carabineros para ingresar a Chile. Seguimos hasta la hostería
de Schenahuer, donde comemos unos ricos sandwiches de jamón y queso
con pan lactal. Han pasado unas dos horas desde nuestra partida.
A las 13.30 tomamos la margen izquierda del Río Puelo. La primera hora
de viaje se sucede sin demasiadas complicaciones, en medio de un
paisaje espectacular.
Cruzamos un arroyo con una importante correntada, haciendo unos buenos malabares
para lograr pasar las bicis y todo sin mojarnos. En ese momento, aparecen unos
Carabineros a caballo, y nos dicen “El puente está allí arriba”...
Sin palabras... Seguimos nuestra excursión, pasando otro arroyo con
bastante menos caudal y correntada. A partir de allí se hace algo mas
dura la picada. Nos vamos alejando del río, hacia la izquierda y hacia
arriba. La senda tiene muchas piedras y raíces. En uno de esos pedreros,
y como precio a la poca experiencia de andar con peso en la bici y la mochila,
lo que hace cambiar el punto de equilibrio, tenemos nuestra primera y única
pinchadura de goma. La reparación nos lleva una media hora. Hace mucho
calor, vamos consumiendo el agua que llevamos para tomar, ya no tenemos caídas
de agua para rellenar nuestras caramañolas, con lo cual pasamos algo
de sed, aunque nada grave.
Las subidas se hacen algo más empinadas hasta
que logramos ver al fondo la pasarela para cruzar el río, llegar hasta
ella sólo nos llevó unos pocos minutos cuesta abajo. Faltaba
poco para las cinco de la tarde. Tuvimos que esperar nuestro turno, descanso
obligado que aprovechamos para refrescarnos en el río. El lugar tiene
una playa, piedras que hacen una especie de islas, muy lindo a la vista. Después
de cruzar, a unos veinte minutos de camino bastante bueno y parejo, llegamos
la entrada del complejo de la familia Grewlich. Tiene una cabaña en
la barranca del río, un sitio privilegiado. Armamos la
carpa en un lugar destinado a campamento. Probamos suerte con la pesca,
intentando procurar la
cena de carne blanca, pero un boicot de truchas truncó nuestra intención
culinaria. La cena fue un sobre de sopa y un guiso vegetariano desecado, suficiente
para reponer energías. Alrededor de las 22.30 nuestro día terminó,
nos acostamos en la carpa para tres, y dormimos excelentemente.
Día 2: Sábado 8 de marzo
Nos levantamos a las 07:30, desayunamos con pan y dulces caseros, y a las 09:00
salimos con destino a Lago Verde. Llegamos en veinte minutos de una subida
bastante pronunciada y con mucha piedra, prácticamente no pedaleamos
ese tramo. La entrada al lago no está señalada pero se ve una
picada en un vértice de alambrado. Recomendamos ese lugar,
aunque no tiene pesca, es muy pintoresco y tiene cabañas para alquilar. Este
paseo nos lleva alrededor de media hora, y retomamos la picada. Poco después
se junta con la otra picada que viene del Lago Las Rocas, allí mejora
un poco, se hace algo más ancha. Pasamos por una pequeña pampita,
a la izquierda hay un poblador, frente a su casa comenzamos a subir unos
minutos. Al final de esa cuesta divisamos una cascada, la vemos desde abajo
y de muy cerca. A partir de allí la senda se abre un poco, hay un
pequeño vado, otro poblador, y tomamos hacia la izquierda, donde ya
divisamos el Lago Totoral. Para llegar al Lago Azul, hay que pasar previamente
por la casa de otro poblador. Cruzamos el río por un puente bien consistente
de madera y a la salida se ve el cartel del Lago Azul. La huella es ancha,
como de carro, pero no recomendamos el uso de vehículos 4x4 porque
vimos cómo pegaba uno de ellos contra las piedras de gran tamaño.
A la izquierda nos sigue acompañando el Lago Totoral, al final del
mismo tenemos una tranquera y la casa de un poblador a la izquierda.
Luego
vienen unas pampas y en poco tiempo llegamos a Llanada Grande, nos encontramos
con el camino, que es bien ancho. Son las 13:30 de un día con mucho
sol. Una señora con su hija nos dice que el último trasbordador
del Lago Tagua Tagua sale a las 17:30. A unos quince minutos mas adelante
está el Río Negro, pasamos el puente (de muy buena infraestructura
como todos los que encontramos en el camino nuevo) nos refrescamos en el
río y comemos pan, queso y una lata de pescado. A las 15:00 retomamos
la ruta, la bienvenida nos la da una cuesta, no tan pronunciada pero si bastante
larga, y con el sol pegando a pleno se hace bastante difícil, pero
al final tiene su premio porque hay un refrescante cauce de agua, y como
si eso fuera poco, comienza una bajada muy larga, que nos hace avanzar a
una velocidad hasta ese momento desacostumbrada. El camino es bien
transitable y principalmente en bajada hacia el Río Manso,
adonde llegamos a las 16:15, nos refrescamos y salimos. Estamos a 13 Km
del trasbordador, nosotros
suponíamos que eran 7 desde allí, así que apuramos el
ritmo del pedaleo, mirando de reojo el reloj, aunque sin dejar de contemplar
en ningún momento ese paisaje formidable del sur chileno. A nuestra
izquierda va el río. Cuando faltan 4 km. Christian hace un sprint
y llega al puerto a las 17:20, para encontrarse con la sorpresa de que se
está yendo el barco, el último del día. Llegamos los
otros dos, y ante lo que considerábamos sin solución nos hidratamos,
descansamos unos minutos y comenzamos a buscar un lugar donde armar la carpa.
En eso estábamos cuando apareció como por arte de magia otro
trasbordador! En tiempo record preparamos el equipaje y abordamos el barco.
Recién zarpamos cerca de las 20 hs., el lago estaba picado, cosa común
según el capitán, había refrescado bastante y se había
levantado algo de viento. Buscamos una guarida en la cabina del capitán
y entre anécdotas y cuentos (vaya uno a saber si eran ciertos) le
preguntamos si conocía nuestro destino en Puelo Chico: La Pensión
de Morales. No solamente la conocía sino que se comunicó por
radio y nos reservó el hospedaje. Como se había hecho muy tarde
con la demora del trasbordador, le pedimos al camionero que llevaba allí su
camión que nos acercara hasta la posada. No era conveniente andar
a esa hora de la noche por los caminos, eran 17 km. y hubiéramos llegado
muy tarde, ya sin tiempo para cenar y reponer fuerzas para el día
siguiente. El camionero accedió, cargamos las bicicletas en la caja
y nosotros viajamos bastante cómodos en la cabina. La sorpresa
fue que en lugar de la “Pensión de Morales”, tal como
la conocíamos,
nos encontramos con “Victoria Lodge”, su nuevo nombre, un complejo
de hostería y cabañas para pescadores deportivos en el río
Puelo. Lavamos nuestra ropa, nos dimos un buen baño, y como
habíamos
llegado tarde para la cena solamente había arroz, huevos fritos, ensalada
y para tomar un par de Cousiño Macul blancos, estaba todo muy bueno,
así que limpitos y bien comidos nos fuimos a dormir en una confortable
cama...















