Patagonia, 21 de Diciembre de 2014

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Memorias de un pueblo minero

Sierra Grande es un pueblo de Río Negro en el límite con Chubut que creció de forma acelerada entre 1973 y 1989 gracias a la enorme mina de hierro que albergaba debajo de la tierra. La estatal Hipasam (Hierro Patagónico Sociedad Anónima) daba trabajo a miles de personas y centralizaba la economía del pueblo y alrededores. La clausura del complejo minero a principios de los 90’ por un decreto del entonces presidente Carlos Menem fue prácticamente un acta de defunción para Sierra Grande, cuya población estable disminuyó de manera impresionante en poco tiempo. Después de años durísimos, el pueblo pudo resurgir y desde el 2006 se rehabilitó la explotación de la mina gracias a la inversión de una compañía china. Sin embargo, la época dorada del pueblo y su economía es un recuerdo que sus habitantes guardan con nostalgia.


Galerías opacas y melancólicas que se entrelazan sin fin, como una quimera devastada por promesas inservibles. El destino de SierraGrande se forjó al calor del gran sueño de la mina de hierro y hombres trabajadores. La más Oberos trabajando en la mina de Sierra Grandegrande de Sudamérica, con 96 km de túneles, 480 metros de profundidad y 1350 obreros en actividad. Una arquitectura brutal se fue edificando debajo de casas y caminos, en la medida en que los dólares brotaban de la tierra como el hierro de las paredes.

Pero el fuego se disipó. Un decreto de Carlos Menem en 1991 evacuó la ciudad subterránea y, por reflejo, Sierra Grande sufrió una pérdida económica y humana inconmensurable. En el pueblo fantasma, los sobrevivientes al cierre no olvidan aquella frase de campaña del entonces candidato a presidente de la Nación: “Desde el socavón de la mina de Sierra Grande comenzará la Revolución Productiva”. Dos años después de aquel augurio, la mentira se destaparía.

Gran convocatoria de gente para el acto por la reactivcación de la mina en 2006Capitales chinos pusieron el ojo en la mina y en 2006, se reactivaron las actividades de explotación (seguida de la exportación a China). La empresa del país asiático A Grade Trading se hace llamar Compañía Minera Sierra Grande SA y se distingue por pagar los peores salarios de la Patagonia del rubro energético y minero. En la primera etapa del proyecto, da trabajo a 500 trabajadores, pudiendo albergar a 1500. Habrá que esperar que ocurrirá en la segunda etapa, pero en el pueblo nadie cree que se retornará a la prosperidad de la época de HIPASAM (Hierro Patagónico Sociedad Anónima).

Hipasam se formó en 1969 con la participación de la Dirección General de Fabricaciones Militares, el Banco de Río Negro y el Banco Nacional de Desarrollo. En 1972 se iniciaron las actividades del complejo minero, que hasta 1989 fue el principal motor social y económico de Sierra Grande. Entre esos años, la cantidad de habitantes del pueblo creció notablemente, de la mano de oleadas inmigratorias atraídas por las fuentes de trabajo que facilitaba la mina.

Un túnel ligaba las áreas de extracción con Punta Colorada, en donde se encontraba la planta de peletización y el puerto donde embarcaba la producción hacia los hornos de Somisa, en San Nicolás. En total se obtenían alrededor de 2 millones de toneladas de pellets de hierro.

La Ley de Reforma del Estado, sancionada un año después de que Menem asumiera la presidencia, permitió una reestructuración del sistema de servicios públicos. Muchos fueron privatizados, como Somisa, y otros, como el caso de Hipasam, directamente cerraron. La mina dejó de funcionar cuando ni siquiera sehabía completado el 20 % de explotación de las 120 millones de toneladas de Sierra Grande quedó transformado en un pueblo fantasma tras el éxodo de trabajadoreshierrodescubiertas en 1945 por el geólogo Manuel Reynerio Novillo. Los cortes de ruta del movimiento obrero (los primeros del país) no pudieron revertir la situación.

1.300 trabajadores quedaron sin empleo, y las consecuencias fueron devastadoras para el poblado, que pasó de una población estable de más de 20.000 habitantes a 5.000 en sólo 5 años. Los mineros despedidos debieron probar suerte en distintas regiones del país, dejando atrás a sus mujeres e hijos. Por esta razón, Sierra Grande es conocido como un “pueblo de mujeres”

Fueron ellas las que pusieron el pecho ante esos años tan terribles y resistieron en Sierra Grande. También ellas fueron las protagonistas de los cortes contra la discontinuación de la producción cuando se firmó el despido de sus maridos e hijos varones en 1990.

Vista panorámica actual de Sierra GrandeRecién en los últimos años, luego de la hecatombe neoliberal de los 90’, Sierra Grande logró recuperar el crecimiento demográfico de la mano de la promoción de actividades alternativas como el turismo, que sin embargo no alcanzaron a compensar el vigor económico que tenía el pueblo hasta la década del 80’.

En 1993, el yacimiento minero pasó a manos de la Provincia, bajo el nombre de Hiparsa (Hierro Patagónico Rionegrino Sociedad Anónima). 50 trabajadores se hicieron cargo del mantenimiento de las instalaciones, equipos e insumos (que se estaba deteriorando con el abandono) con la intención futura de poner en marcha nuevamente las actividades.

Nada de eso sucedió hasta mucho después, pero en el medio un sector del complejo fue concesionado a una empresa privada para la organización de excursiones turísticas al interior de la mina. La aventura se llama “Viaje al Centro de la Tierra”, una inmersión 70 metros debajo del suelo recorriendo 3000 metros en la oscuridad. La travesía revive las jornadas de los mineros en la época de florecimiento de Hipasam.

Los guías de la excursión "Viaje al Centro de la Tierra" son antiguos mineros que cnocen a la perfección la historia y la organización del trabajo en el complejo ferrífero Equipados con mameluco, casco, botas y lámpara minera, los turistas recorren los túneles anegados y se asombran con las historias contadas por los guías. Nadie más experto que ellos para la tarea, ya que se trata de algunos de los antiguos mineros que decidieron transmitir sus experiencias pasadas a los visitantes como medio de subsistencia. La mayoría de ellos aclara que lo hacen por necesidad, ya que les produce congoja y nostalgia ver cotidianamente las galerías donde trabajaron por muchos años vacías. El recorrido, que incluye una navegación en bote, finaliza en el Museo Minero (bajo tierra), que conserva los elementos utilizados por los obreros en la explotación minera.

Si bien Sierra Grande se las arregló –penosamente- para salir adelante, no podrá despegarse nunca del recuerdo de Hipasam en su apogeo, cuando el pueblo podía ofrecer a sus habitantes una muy buena calidad de vida y se perfilaba como un importante centro industrial de la Patagonia.  





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