El reino de las ballenas
La atracción principal de la Península de Valdés es, sin duda, el avistaje de la ballena franca austral. Entre mayo y diciembre, más de 1100 cetáceos hacen del Golfo San José y el Golfo Nuevo su hogar. Llegan a las costas de la provincia de Chubut para aparearse y dar a luz a las crías.
En los meses de julio y agosto, se da la mayor afluencia de estos mamíferos, llegando a concentrarse, en un día pico, hasta 600 ejemplares. Cada año, crece el número de ballenas en esta zona de la Patagonia atlántica a una tasa del 6,8 %.
En la medida en que no es una especie en extinción, se permite la actividad turística. De hecho, es el único lugar en el mundo donde se realizan avistajes de ballenas de manera profesional. Hay sólo seis empresas turísticas habilitadas para tal fin. Los acercamientos de embarcaciones privadas están prohibidos por reglamentaciones que velan por la protección de los cetáceos, declarados Monumento Natural en 1984.
El avistaje se realiza embarcando desde Puerto Pirámides, una localidad a 80 kilómetros de Puerto Madryn, el principal centro turístico de la región. La embarcación navega a lo largo de la costa y luego se interna mar adentro. En determinado momento, el barco se estaciona, aguardando por la aparición de los mamíferos. Los primeros signos que alertan sobre la presencia del fenómeno son los sonidos guturales y cavernosos cada vez más acentuados, más penetrantes. No hay que tener miedo ya que la ballena franca austral es un animal sumamente pacífico y amigable.
Los cetáceos ya han advertido la presencia de los visitantes. Lejos de considerarlos intrusos, se sienten halagados, el contacto es como un reconocimiento a la soberanía que las ballenas ejercen sobre esas aguas. Son las reinas del mar que dan la bienvenida a las visitas de honor. Entonces enseñan sus aletas al público y levantan su cola para sumergirse. De esta forma, las ballenas despliegan sus emblemas, exhiben orgullosas el esplendor de su reino.
En este punto de la aventura, el goce ha colmado las expectativas de los turistas. Sin embargo, cuando la ballena pasa por debajo del barco, la excitación alcanza niveles exorbitantes. Al cabo de un tiempo en que las ballenas ensayan sus piruetas, realizan saltos sorprendentes y despiden el clásico chorrito de agua por el orificio llamado espiráculo, es hora de regresar a tierra firme. La duración total de la excursión es de aproximadamente una hora y quince minutos.
Si bien la temporada comienza recién en mayo, es necesario recordarle al lector que es altamente recomendable hacer las reservas con tiempo, ya que tanto la capacidad hotelera como la disponibilidad de los tours en Puerto Madryn y Puerto Pirámides son limitadas, y la demanda internacional viene cada año más fuerte.
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