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Diario de una ascensión al Domuyo (II)
Lea la primera parte del relato aquí.
El día más largo
Al día siguiente la alarma del reloj suena a las 4 de la mañana, con bastante pereza nos levantamos y preparamos el desayuno. Me asomo, miro afuera y veo un cielo totalmente estrellado, parece que se pueden tocar las estrellas con las manos. Después de desayunar acomodamos el campamento por si llega a levantarse viento, colocamos todos los elementos debajo de la carpa y sobre la carpa ponemos unas rocas. Ya no hay vuelta atrás, encendemos la linterna (son las 5:30 de la madrugada) y partimos. A lo lejos vemos las linternas de un grupo que nos precede, ellos acamparon a una media hora de camino mas arriba. Pasamos un glaciar sin poder apreciar su magnitud por la oscuridad. Luego de pasar el campamento base del grupo que va adelante, encaramos la primera pendiente fuerte del día, Alberto y Julio van adelante, yo siento como si me estallaran los gemelos y empiezo a hacer zig zag porque este tramo va muy empinado y estamos fuera del sendero. Ya está aclarando y comenzamos a ver un poco, Julio aprovecha para filmar. El grupo que va adelante esta más cerca, creo que los vamos alcanzando, de todas maneras cuando puedo me tomo las pulsaciones, recuerdo que Juanca, nuestro entrenador, me dijo que no conviene llevar mas de 140 por minuto, cuando llego a ese nivel me detengo unos segundos y recupero. Por momentos Julio y el Negrito me sacan unos 20 a 30 mts. de distancia, me esperan y tomamos agua (re hidratamos), comemos unas barras con cereal y continuamos nuestro ascenso. Vamos caminando por el filo que da al Este del volcán, la vista es maravillosa, el sol ilumina las laderas que dan a nuestras espaldas, en un rato más cuando pasemos el filo hacia el lado Este nos va a empezar a calentar un poco. Por el momento, el frío es intenso pero con el andar no se siente mucho.
Unos pasos más y llegamos a los 3400 msnm. El sol pega fuerte ahora, el cielo está totalmente azul, y el clima es calmo y agradable. Se puede distinguir la naciente del río Atreuco, que es un espectacular lago azul que se encuentra entre las montañas al sur del Domuyo. El silencio es increíble, por momentos me parece estar viviendo un sueño, creo que no se puede describir con palabras la sensación de estar mirando este imponente paisaje.
Mochilas al hombro y a caminar nuevamente, a esta altura el grupo de cinco andinistas que salió un rato antes viene unos 400 metros mas abajo, pienso que vamos haciendo un buen ascenso, no llevamos demasiada prisa, esto nos beneficia con respecto a la enfermedad de la altura. Seguimos por la cara Este del desfiladero y a unos 200 metros se ve una lengua de hielo, es un glaciar que el viento ha tallado en forma de placas que parecen formar un gran laberinto helado. Cuando llegamos no sabemos cómo encararlo, ya que las placas miden entre 1,40 y 2,00 de alto, y están separadas por unos 40 cm., Alberto decide escalar y sube un peñasco de unos 15 mts. de alto, Julio le pide que tenga cuidado, ya que los bordes del peñasco se desmoronan constantemente. Nosotros decidimos encarar el “laberinto” y, un poco asustados al principio, pero tomando confianza después, logramos pasar. Después de sortear el obstáculo tomamos la altura con el GPS y estamos en los 3800 msnm...
Son las 10:48 así que vamos en buen tiempo. Encaramos el último tramo para llegar a los 4000 msnm., pasando a la cara Oeste del desfiladero. Desde donde estamos podemos apreciar “La montura”, que es una depresión con un glaciar, entre dos picos, que se encuentra a los 4000 msnm. Esta parte del ascenso es más peligrosa, la pared Este es de una arenisca mezclada con piedra lo que produce un deslizamiento de las capas superiores y cualquier resbalón puede llevar a caer unos cuantos cientos de metros. En este tramo yo voy adelante y paro para tomar aire cada 50 o 60 metros, llegamos a la montura, el reloj marca 4000 msnm.. Hay una subida bastante empinada con un polvo amarillento, es extremadamente peligroso resbalar en este lugar ya que la caída puede ser fatal, tomamos todas las precauciones y hacemos los metros que nos separan de una roca en forma de saliente que nos resguarda por un lado del viento y por otro, del precipicio que se formó por la corrida de lava y piedras candentes cuando el volcán estuvo en erupción. Al resguardo de la roca nos aseguramos los grampones al calzado. Desde aquí debemos encarar los últimos 700 m., claro que para subir estos metros hace falta caminar por el hielo unos 4 km., con una pendiente por momentos de hasta 50 grados. Salimos creyendo que por la nieve la subida es más fácil, pero esto fue un grave error, ya que enseguida la marcha se complica por las huellas hundidas en el hielo y agrandadas por el efecto del viento. Yo voy adelante haciendo de guía mas atrás me siguen Julio y el Negrito, trato de hacer pequeños zig zag para minimizar la terrible pendiente. De pronto puedo ver que estamos sobre una zona de un posible deslizamiento de nieve o avalancha, cambio enseguida el rumbo, y sólo comento que me parece que estamos sobre grietas, no quiero que se asusten mis compañeros. Seguimos subiendo y ya puedo tomarme las pulsaciones con sólo mirar el reloj, siento el corazón bombear en cada parte de mi cuerpo, el silencio que antes escuchaba ahora se transformó en un zumbido, me parece escuchar el sonido de una bocina o ruidos de motores, la cabeza ya me está doliendo desde hace un rato.
¿Y si paramos acá?
Llegamos a una isla de piedras, recuerden que estamos en un mar de hielo, me siento y espero a Julio y Alberto que vienen unos pasos más atrás, tomamos agua y comemos cereales, Alberto no quiere comer pues dice que le cayeron mal al hígado, por dentro pienso que lo esta afectando la altura. Cierro los ojos y me da la sensación de quedar dormido, tengo mucho sueño, me está afectando la poca presión y el agotamiento físico. Insinúo que, para mí, haber llegado hasta aquí es un triunfo, y que si quieren volver, podemos hacerlo, pero no recibo una respuesta afirmativa, todos queremos seguir, aunque nuestros músculos están bastante agotados. Nos ponemos en camino nuevamente y esta vez pasamos por una cornisa de un metro a dos de ancho sobre la izquierda podemos ver a lo lejos las pircas del campamento base, la vista es espectacular, pero el tremendo precipicio produce vértigo. Esta parte del sendero es muy peligroso tomo mucha precaución, y paso lentamente. Pasado el peligro enfilamos hacia el glaciar, cada vez cuesta más mantener el ritmo, ahora cada 10 m. paro a recuperar el aire, por mi cabeza pasa abandonar esta locura y volver, veo que tanto Julio como Alberto están también muy cansados, se nota en sus caras, yo no me veo pero debo estar igual que ellos. Al preguntar cómo van demuestran lo contrario y tienen la convicción y la fuerza mental intacta para llegar a la cumbre. Los espero sobre unas rocas y mido con el GPS hay ahora 4400 msnm., faltan sólo 300 pero todo se está poniendo muy duro. Son las 13:45 y tenemos como hora tope para llegar a la cumbre las 14 o 15, pasado ese punto el regreso puede ser complicado. Cualquier inconveniente a esta altura, sin las bolsas de dormir y la carpa puede resultar un buen susto. La cumbre, o lo que nosotros creemos que es la cumbre, está ahora a unos 500 metros, la pendiente es de unos 50 grados, caminamos en forma transversal pero es muy difícil avanzar, así que me detengo cada 15 o 20 pasos, trato de tomar oxígeno respirando profundo pero la poca presión atmosférica, (menos de 600 mm. marca el barómetro) hace que cada vez la recuperación del pulso cardíaco sea más lenta.
Otro islote en el mar de hielo nos permite descargar la mochila que a esta altura parece pesar más. Llevamos unas ocho horas y media desde que salimos, nos miramos los tres, hay un código de silencio y preocupación, no sé lo que piensan Julio y Alberto, a mí me cuesta mantener la convicción de intentar la cumbre, por más que avanzamos parece siempre faltar lo mismo o más, después de unos minutos continuamos. Se está haciendo imposible avanzar, la pendiente y la consistencia del hielo hacen imposible clavar los grampones, Alberto sugiere pasar por la pared de rocas que da al Oeste, vamos entre rocas, hielo, el esfuerzo es tremendo, unos metros y veremos si podemos avanzar más fácilmente.
Por fin, la cumbre
Llegamos al filo y para nuestra sorpresa estamos ya por encima del cráter del volcán. Al fondo vemos la silueta de la cumbre. Tengo una mezcla de emoción y preocupación, veo la cumbre a unos 700 m. pero me parece inalcanzable, hay todavía que pasar un glaciar. Alberto dice las palabras mágicas “Sigamos, ahora vamos a llegar”. No del todo convencido encaro por un sendero muy marcado que recorre el borde helado del cráter. Voy mirando el espectacular paisaje, y pienso en la doncella del peine de oro, el toro rojo y el potro negro de la leyenda Mapuche del Domuyo y creo que Nguenechen nos está dejando llegar... Pasamos el glaciar, luego hay un par de pendientes sin nieve ni hielo, el piso es de roca pero avanzamos con mucha dificultad por el cansancio. Ahora veo la cumbre muy cerca ya me doy cuenta de que vamos a llegar, paro para recuperar a unos diez metros de la cumbre, Julio me alcanza y me dice que lo espere para filmar mi llegada, me viene bien esperar, tengo 170 pulsaciones creo que es por la emoción y el cansancio. Mientras espero que Julio llegue, se me caen algunas lágrimas, me acuerdo de mi familia que apoya y soporta estas aventuras. Julio me dice que avance y encaro los últimos metros, estoy llegando, no lo puedo creer, nos fundimos en un interminable abrazo, Julio sigue filmando la llegada de Alberto, que se une ahora a nosotros, quedamos los tres abrazados, festejamos el logro y nos felicitamos por el éxito, me embarga una indescriptible emoción, por unos instantes quedo totalmente perplejo al contemplar el imponente paisaje, pareciera que tenemos la cordillera al alcance de la mano.
Nos quedamos los tres inmersos cada uno en sus pensamientos, describir la sensación de estar en la cumbre del Domuyo es para mí imposible, es una mezcla de sensaciones, es el triunfo al esfuerzo, es fuerza, es coraje, es tenacidad, es resistencia, es amor propio y por sobre todo es la enseñanza que debemos dejar, demostrando que con esfuerzo, sacrificio, disciplina y apoyo al compañero se pueden realizar logros como este.













