Diario de una ascensión al Domuyo
Cuando
concluimos la ascensión al Volcán
Lanín, en el año 1998, empezamos a pensar en el
desafío del Domuyo,
techo de la Patagonia. En julio de 2002 comenzó la preparación
física, consistente en caminatas de unos 12 km. una vez por
semana, por la margen norte del Río Negro, en la zona de
la comarca Viedma
– Carmen
de Patagones. Y llegado el verano de 2003 todo estuvo listo
para la gran aventura...
Preliminares
Julio Iribarne, Alberto Gómez y yo, Fernando Cadenasso,
iniciamos camino el sábado 4 de enero de 2003 a las 6 de
la mañana. Nuestro primer destino fue la ciudad de Neuquén
donde alquilamos los elementos para el ascenso y recabamos algunas
últimas informaciones. De allí seguimos rumbo a Chos
Malal por un camino que parece una navegación en aguas
calmas. En Chos Malal cargamos combustible y buscamos a “Coco”
Gómez, el guía que nos acompañaría para
el ascenso, pero nos dicen que Coco nos espera en Aguas Calientes.
Eufóricos por la noticia partimos con rumbo Oeste hacia Andacollo.
El camino se pone cada vez más duro, hay muchas piedras sueltas,
pero también el paisaje es más espectacular. Pasando
Andacollo nos encontramos con una manada de chivos, fotos, filmación,
bromas y seguimos camino hacia la localidad de Las Ovejas. En este
paraje sólo preguntamos como teníamos que continuar
para Varvarco, la Puerta del Domuyo. Unos kilómetros mas
adelante hay un mirador que se denomina “La Puntilla”,
donde se puede apreciar el Río Neuquén que corre entre
barrancas cientos de metros más abajo y de fondo, la majestuosa
e imponente imagen de nuestro objetivo: el volcán
Domuyo. Sacamos fotos y filmamos desde la pasarela y, luego
de leer los carteles que hacen referencia a la leyenda del Domuyo
(recuerden que para los Mapuches es una montaña sagrada),
continuamos viaje hacia Varvarco.
En
la única heladería, kiosco etc. de Varvarco, preguntamos
nuevamente por nuestro guía y nos dicen que nos espera en
Aguas Calientes. El último tramo de camino, 39 km., son los
peores de todo el recorrido, pero con unos paisajes increíbles,
donde las formas de las rocas parecen tomar vida y donde un río
como el Atreuco esculpió figuras en las paredes de granito
que nos recuerdan monjes o brujas. El paisaje es espléndido,
ya está atardeciendo, las sombras y los últimos brillos
del sol realzan el entorno, seguimos por un camino de cornisa y
de fondo podemos ver el espectacular entorno volcánico del
Domuyo.
Cambios sobre la marcha
Llegamos a Aguas Calientes ya de noche. Coco, el guía,
brilla por su ausencia, pero no nos preocupamos, pensamos que mañana
vendrá. Esta noche dormiremos bien, alquilamos una cabaña
en el complejo que tiene el Instituto de Salud del Neuquén
en este paraje. El lugar es paradisíaco. Tomamos un baño
termal en las vertientes que derrochan su agua sulfurosa en esta
quebrada. Al principio dudamos pero al notar que el agua está
a unos 38° C. nos damos un baño relajante y estimulador.
Cenamos y a dormir, el día había sido muy largo y
agotador, y al día siguiente debíamos comenzar
el acercamiento y la ascensión al Domuyo.
A las 8 de la mañana nos levantamos, desayunamos y comenzamos
a preparar lo que teníamos que llevar para nuestra travesía.
Ya a esta altura comienzan a plantearnos la posibilidad de que Andrea,
la Colo, nos guíe hasta el volcán ya que Coco no podrá
llegar hasta el martes al mediodía. Andrea está dispuesta
a acompañarnos junto con Leandro, su novio, hasta el campamento
base, que se encuentra a 3000 msnm. Un poco más optimistas
nos vamos a pegar un baño en las templadas aguas de la terma,
más tarde vamos a recorrer el camino que conduce de Aguas
Calientes hasta un playón donde se dejan los vehículos
cuando se asciende al volcán. Cuando volvemos hacemos conjeturas
sobre la presión, dado que nos cansamos con sólo subir
un par de metros y eso que estamos a 1800 msnm.!
Hasta el campamento base
Al
día siguiente, a las 6:00 AM nos despertamos y desayunamos,
levantamos el campamento y partimos con rumbo al playón que
queda a unos 22 km. de ripio, por un camino que resulta bastante
desagradable para el vehículo. Una vez allí armamos
las mochilas, distribuimos los alimentos, carpa y elementos de cocina
y a eso de las 09:00, cuando llegan nuestros guías, salimos
costeando el río Covunco, que baja del deshielo de los glaciares
del volcán Domuyo. Luego de un rato de caminata nos encontramos
con un grupo que también intenta llegar a la cumbre, seguimos
y Andrea nos dice que tenemos que cruzar el río. Unos metros
más adelante, en la margen norte del río, hay dos
peñascos que nos sirven de puente, es bastante peligroso,
el Negrito cruza con la mochila, Julio y yo decidimos pasar sin
ellas. Seguimos camino sin mucha prisa pero sin pausa, cada tanto
descargamos las mochilas y la sensación es de caer hacia
delante, muy rara... Filmamos, unas fotos y seguimos la marcha.
El objetivo del día: llegar al campamento base a orillas
de la tercer laguna para acampar.
Intentábamos hacerlo lo antes posible, para comer algo y
descansar, ya que pensábamos en la segunda jornada, que prometía
ser mucho más dura. Caminamos por la margen derecha del río
Covunco y comenzamos a cruzar pequeñas vertientes de agua
fresca en las que reponemos agua constantemente. Cargábamos
en nuestras mochilas dos litros de agua por las dudas (¡grave
error!) sin saber que donde acamparíamos corría un
transparente arroyo proveniente del glaciar. Faltando unos 2000
m. para llegar al campamento base hacemos un alto y decidimos comer
un poco. Nuestra guía se había adelantado para investigar
el terreno, según ella faltaba poco para llegar. Cuando la
vemos agitar los brazos haciendo señas para que vayamos,
cargamos las mochilas y encaramos el último tramo. Llegamos
a las 12:50 horas, descargamos nuestras pesadas mochilas, y nos
sentamos a reponer energías. El clima nos está tratando
bien, sólo hay un poco de viento. Nos disponemos a comer
algo haciendo los comentarios del trayecto, mientras Andrea y Leandro
se rehidratan para comenzar el descenso hasta Aguas Calientes.
Armamos el campamento, almuerzo y luego una siesta. A los 3000
msnm. duele un poco la cabeza y se siente una opresión en
el pecho para respirar. A la tarde llega a la carpa una persona
que resulta ser ... Coco Gómez! Charlamos sobre los problemas
que tuvo para llegar y le comentamos que tenemos decidido seguir
solos hacia la cumbre. Nos aconseja encarar esta parte por un cordón
llamado “el Filo”, y aprovechamos para hacer algunas
preguntas ya que de alpinismo sabemos poco y nada.
Lea la segunda
y última parte del relato aquí.
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